Tema 17 de 24Razonamiento Verbal

Clasificación y análisis según la superestructura del texto 1

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1Texto N.º 3 La utopía como idea final para esta o para la otra vida es, al parecer, algo necesario para que el pre­ sente vibre. La utopía tensa desde el futuro un ahora amarrado con el pasado. No se ha demostrado que la historia sea una buena maestra ni que la naturaleza sea una buena madre, pero lo cierto es que la primera enseña que la utopía es un elemento difícil de eludir si se quiere que el hombre funcione y se explique a sí mismo en el seno de la segunda. Nos referimos a la utopía como modelo social para este mundo, y en este sentido, debemos reconocer que se caracteriza por estar constituida por una paradoja. Funcionar en honor a cierta utopía parece tener más interés para la propia operación de orientación y funcionamiento del hombre que alcanzarla efectivamente. Pues alcanzar la utopía significaría el fin de todo cambio, con lo cual la función del hombre se reduciría a mantener lo conseguido, ¡pobre función para la orgullosa creatividad humana! La utopía pretende expresar algo que ha sido per­ seguido por varios milenios de reflexión filosófica, por siglos de observación e investigación científica y por algunos instantes de revelación divina: la esencia del hombre, el propósito de su existen­ cia, su finalidad en el mundo. Pero, si el hombre accede al conocimiento completo de sí mismo y del resto del mundo, ¿qué clase de espeluznante ocio cósmico le espera para siempre jamás? El fin del cambio significa el fin del tiempo. Y el fin del tiempo no tiene nada divertido. Es sencillamente incompatible con una vida finita sobre el planeta. De acuerdo con el texto, la utopía está constituida porUNMSM 2012-IIIntermedio
2Texto N.º 2 No se puede referir uno a la obra poética o ar­ tística sin pensar, al mismo tiempo, en el trabajo personal que la ha producido; al contrario, el re­ sultado del trabajo científico se separa fácilmente de las operaciones que ha conducido a ello para tomar una suerte de existencia independiente y anónima. Se piensa en Beethoven al escuchar la Novena sinfonía, pero se olvida a Newton o a Leibniz al hacer cálculo integral. Tal olvido se debe a dos causas: al carácter siempre más o menos colectivo del trabajo científico, que termina ignorando al inventor, pero sobre todo a que cada resultado se integra en un conjunto y no sirve sino de medio para nuevos descubrimientos. Así, uno se ve forzado a dejar de lado la ciencia en cuanto a trabajo espiritual, pues el procedimiento verdadero del descubrimiento es sustituido por una demostración a posteriori. Ahora bien, el ejercicio de la ciencia, visto por el científico, es un aspecto de la vida espiritual, con características muy particulares: está hecho del contraste entre la iniciativa del espíritu, que inventa nuevas nociones, y la fidelidad escrupulosa al control experimental. Sin duda, la ciencia tiene por misión reemplazar las relaciones subjetivas o imaginarias por otras, objetivas y universales; pero esa sustitución no se efectúa por simple acumulación de experiencias. El aspecto espiritual de la ciencia, según el autor, se nota en suUNMSM 2013-IIntermedio
3Texto N.º 3 Me gustaría comentar brevemente el desacuerdo entre Karl Popper y Thomas Kuhn sobre la naturaleza esencial de la ciencia y sobre la génesis de las revoluciones científicas. Si entiendo bien a Popper, la ciencia está potencialmente al borde de la revolución de manera básica y constante. Una refutación, al menos si es lo bastante grande, constituye una de esas revoluciones. Por su parte, Kuhn da argumentos en favor de que la mayor parte del tiempo dedicado al trabajo científico es lo que él llama ciencia “normal”, y consiste en la resolución de problemas; de modo que, para Kuhn, una revolución científica es una construcción a largo plazo y ocurre solo raramente porque la mayoría de los científicos no está intentando refutar las teorías vigentes. Ambas partes han presentado sus posiciones con considerable detalle, pero me parece que hay una fisura importante en ambas teorías. Se trata simplemente de ¿cómo sabemos de qué trata la ciencia? Realmente, tanto Popper como Kuhn basan en la historia de la ciencia sus puntos de vista sobre la naturaleza y estructura de la ciencia, y mi punto principal es que la historia de la ciencia no puede en la actualidad llevar esa carga. Simplemente, no sabemos lo bastante como para permitir que una estructura filosófica sea erigida sobre una fundamentación histórica. Por ejemplo, no podría haber mejor ilustración de lo que es la ciencia “normal” que las investigaciones experimentales que Faraday hizo sobre la electricidad en la década de 1830. Esta es la opinión tradicional que se tiene de Faraday, maestro de la experimentación que jamás en su vida tuvo una idea teórica. Sin embargo, cuando se lee sus apuntes personales, aparece un Faraday extraño. Desde 1821 en adelante, estuvo contrastando hipótesis fundamentales acerca de la naturaleza de la materia y la fuerza. Como historiador, pues, debo mirar a Popper y a Kuhn con una mirada recelosa. Ambos han suscitado asuntos de fundamental importancia; ambos han hecho profundas observaciones sobre la naturaleza de la ciencia; pero ninguno ha compilado y aducido hechos suficientemente fuertes como para llevarme a creer que alguno de ellos hay captado la esencia de la investigación científica. Pearce Williams, L. “La Ciencia Normal, las revoluciones científicas y la historia de la ciencia”. I. Lakatos y A. Musgrave (eds.) (1975), La crítica y el desarrollo del conocimiento. México: Grijalbo. De acuerdo con el análisis desarrollado en el texto, Popper considera que las revoluciones científicas podrían ser ..............., mientras que Kuhn sostiene que son ...............UNMSM 2018-IIntermedio