
Periodo cosmológico
Descubre cómo los primeros filósofos jonios buscaron el arché para explicar racionalmente el orden del cosmos y aprende a identificar esa problemática en preguntas de admisión.
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El porqué del tema
¿Para qué estudiamos este tema?
En el tema anterior viste que la filosofía es, ante todo, una actitud: el asombro frente a lo real, la duda ante las creencias heredadas y la reflexión racional. Ahora verás la primera gran puesta en práctica de esa actitud: el periodo cosmológico.
Durante el siglo VI a. C., en las costas de Jonia —la actual costa occidental de Turquía—, algunos pensadores empezaron a preguntarse por el origen y el orden de la naturaleza. No se conformaron con los relatos mitológicos; buscaron un principio racional que explicara de qué está hecho todo, cómo cambia y por qué el mundo no es caos sino cosmos, es decir, orden.
Este tema es importante porque inaugura la filosofía occidental y porque instala un problema que San Marcos evalúa con frecuencia: ¿cuál es el principio, el arché, de la naturaleza? Además, deja preparadas las dos grandes tensiones explicativas —cambio frente a permanencia, unidad frente a multiplicidad— que recorrerán toda la filosofía antigua.
Antes de empezar
Lo que necesitas saber antes
Conviene recordar brevemente dos ideas del tema anterior y tres vocabularios técnicos que usarás en todo el periodo.
La filosofía como actitud
En el tema anterior aprendiste que la filosofía no es un simple conjunto de datos, sino una forma de colocarse frente a la realidad. Sus actitudes básicas son:
- Asombrarse: extrañarse ante lo que parece obvio.
- Dudar: no aceptar creencias solo porque sean tradicionales.
- Reflexionar: buscar explicaciones racionales y fundamentadas.
Del mito al lógos
Antes de los filósofos, los griegos explicaban la realidad mediante mitos: relatos con dioses, héroes y fuerzas sobrenaturales. La filosofía no nace porque aparezcan nuevos datos, sino porque aparece una nueva manera de justificar: ya no se apela a la autoridad de la tradición, sino a la observación y a la argumentación racional.
El pensamiento mítico narra; el pensamiento filosófico pregunta y ofrece razones.
Tres términos clave: physis, arché y cosmos
- Physis: en estos primeros filósofos no significa «naturaleza» como paisaje o conjunto de seres vivos. Significa la realidad primera y fundamental, aquello que es primario, persistente y originario frente a lo derivado y transitorio.
- Arché: el principio. Es aquello de donde provienen las cosas, aquello que las sostiene y aquello hacia lo cual se dirigen. No es solo un comienzo temporal: es también un principio explicativo y ordenador.
- Cosmos: el mundo entendido como totalidad ordenada. La palabra griega remite a orden, arreglo, armonía.
Así, la pregunta central del periodo cosmológico puede formularse así: ¿cuál es el arché de la physis que explica que el cosmos sea un todo ordenado?
1. El escenario histórico: ¿por qué en Jonia?
La filosofía occidental aparece en la Jonia, especialmente en la ciudad de Mileto, hacia el siglo VI a. C. Esto no es casualidad.
Mileto era una ciudad portuaria rica, con un comercio intenso con Egipto, Fenicia, Mesopotamia y otras culturas. Ese contacto permitió a los jonios comparar distintos mitos y costumbres. Cuando una persona conoce varias explicaciones religiosas sobre el mismo fenómeno, suele volverse más crítica: si todos los pueblos cuentan versiones distintas, quizá el mito no es una explicación definitiva.
Además, el comercio y la escritura facilitaron el desarrollo de un pensamiento más abstracto. No es que los jonios abandonaran por completo lo religioso, pero empezaron a buscar dentro del propio mundo natural un principio que lo explicara.
Por eso se les llama filósofos naturalistas o filósofos de la physis: estudiaban la naturaleza, pero todavía concebían la naturaleza como algo vivo y, en muchos casos, divino.
2. El problema ordenador: la búsqueda del *arché*
Todos los pensadores del periodo cosmológico comparten una intuición básica: detrás de la multiplicidad cambiante de las cosas debe existir algo permanente, algo que explique la variedad sin perderse en ella.
Ese algo es el principio.
La búsqueda del arché era una forma de responder a preguntas como:
- ¿De dónde proviene todo?
- ¿Qué hace que todo siga siendo un cosmos ordenado?
- ¿Hay algo que exista siempre, mientras todo lo demás cambia?
Los primeros filósofos respondieron con principios materiales. Con el tiempo, las respuestas se hicieron más complejas y aparecieron dos opciones:
- Monistas: postulan un solo principio.
- Pluralistas: postulan varios principios.
Los milesios —Tales, Anaximandro y Anaxímenes— fueron monistas. Heráclito y Parménides también lo fueron, aunque en direcciones opuestas. Empédocles, Anaxágoras y Demócrito, en cambio, fueron pluralistas.
3. La escuela de Mileto: los primeros filósofos
La escuela de Mileto reúne a los tres primeros representantes del periodo cosmológico: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Los tres compartieron una misma preocupación: explicar la naturaleza a partir de un principio material.
3.1 Tales de Mileto: el agua como principio
Tales de Mileto es considerado el primer filósofo de la historia y padre de la filosofía occidental. Vivió aproximadamente entre los años 640 y 546 a. C.
Su tesis principal fue que el agua es el arché de todas las cosas.
¿Por qué el agua? Porque la observación mostraba que la vida está ligada a la humedad:
- Las semillas germinan cuando hay humedad.
- Los seres vivos necesitan agua para vivir.
- La desecación total provoca la muerte.
Además, el agua es una sustancia que se transforma visiblemente: puede presentarse como líquida, sólida o gaseosa. Por eso expresaba bien el cambio incesante de las fuerzas naturales.
Tales no pensaba el agua como el simple compuesto químico que bebemos. Su agua era una physis líquida originaria, una realidad totalizante de la cual el agua visible no es más que una manifestación. De hecho, afirmaba que «todo está lleno de dioses». Esta idea se llama hilozoísmo: la concepción de que la materia está viva y animada, de que el mundo es como un enorme ser viviente.
3.2 Anaximandro de Mileto: el ápeiron
Anaximandro vivió aproximadamente entre los años 610 y 547 a. C. También era de Mileto.
Anaximandro se preguntó si el principio podía ser una sustancia determinada como el agua. Y encontró una dificultad: si el principio es algo definido, no puede transformarse en todas las cosas sin limitar a los demás principios.
Por eso propuso como arché el ápeiron.
El ápeiron es:
- Infinito: no tiene límites.
- Indeterminado: no tiene una cualidad definida, como agua o fuego.
- Eterno: no nace ni muere.
- Está en movimiento eterno: de él se derivan las cosas determinadas.
El ápeiron no es agua, ni aire, ni fuego, ni tierra: es la materia originaria sin límites que puede dar lugar a todas las realidades determinadas.
Anaximandro fue también el primero en utilizar el término arché y se le atribuye el primer tratado filosófico, Sobre la naturaleza. Asimismo, planteó ideas sorprendentes para su época, como que la vida surge del agua y que los seres humanos provienen de otras especies.
3.3 Anaxímenes de Mileto: el aire como principio
Anaxímenes vivió aproximadamente entre los años 588 y 524 a. C. Fue discípulo de Anaximandro.
Su arché fue el aire.
El aire es, para Anaxímenes, el principio de la vida porque todos los seres vivos respiran. Pero su aporte más interesante fue explicar cómo a partir del aire surgen las distintas cosas. Lo hizo mediante dos procesos:
- Rarefacción: cuando el aire se calienta y se expande, se vuelve más sutil y da lugar al fuego.
- Condensación: cuando el aire se enfría y se comprime, se vuelve más denso y da lugar al viento, las nubes, el agua, la tierra y las piedras.
Este mecanismo es importante porque introduce una explicación cuantitativa de las diferencias cualitativas: las cosas no se distinguen por estar hechas de principios diferentes, sino por el grado de concentración del mismo principio.
Esquema de condensación y rarefacción del aire según Anaxímenes
4. Pitágoras: el número como principio del orden
Pitágoras de Samos vivió aproximadamente entre los años 572 y 496 a. C. Fundó una comunidad filosófica y religiosa en la Magna Grecia, al sur de Italia.
Su propuesta cambió el enfoque: el arché no es una sustancia material, sino el número.
Para los pitagóricos, las cosas no son simplemente «contables», sino que están constituidas y ordenadas por estructuras numéricas. Descubrieron, por ejemplo, que los intervalos musicales pueden expresarse mediante proporciones numéricas entre las longitudes de una cuerda tensada.
De ahí concluyeron que la naturaleza tiene una armonía matemática. El mundo es cosmos porque está organizado según proporciones.
Los pitagóricos también sostenían que el alma es inmortal, transmigra y se purifica por medio del conocimiento. Pero lo que más interesa para el periodo cosmológico es su idea de que el número es el principio ordenador de la realidad.
5. Heráclito y Parménides: el debate entre cambio y permanencia
Después de los milesios, el periodo cosmológico enfrentó un problema central: ¿la realidad es fundamentalmente cambio o permanencia?
5.1 Heráclito de Éfeso: el devenir y la unidad de contrarios
Heráclito vivió aproximadamente entre los años 530 y 470 a. C. Era de Éfeso, en Jonia. Se le conoce como el filósofo del cambio.
Para Heráclito, la realidad es esencialmente dinámica: todo fluye. Su imagen más famosa es la del río: no se puede uno bañar dos veces en las mismas aguas, porque el río cambia constantemente.
Su arché fue el fuego.
El fuego no debe entenderse solo como el elemento físico que se quema, sino como símbolo del cambio permanente: el fuego está siempre transformándose, alimentándose de lo otro y convirtiéndolo en sí.
Pero Heráclito no decía que el mundo fuera puro caos. El cambio se produce según una unidad de contrarios: los opuestos se necesitan mutuamente. No habría salud sin enfermedad, ni día sin noche, ni frío sin calor. La tensión entre contrarios es lo que permite que las cosas sean y dejen de ser.
Por eso afirmaba que «la guerra es madre de todas las cosas». No se refería a la guerra como violencia absurda, sino a la lucha creadora de opuestos que mantiene el mundo en movimiento.
5.2 Parménides de Elea: el ser uno e inmóvil
Parménides vivió aproximadamente entre los años 540 y 470 a. C. Era de Elea, en el sur de Italia.
Parménides tomó el camino contrario a Heráclito. Su pregunta ya no fue solo «¿cuál es el principio material?», sino «¿qué puede ser pensado sin contradicción?».
Su conclusión es radical: el ser es y el no ser no es.
Dicho de otro modo:
- Lo que es, es.
- Lo que no es, no es.
- El cambio implicaría pasar del ser al no ser, pero eso es impensable.
Por tanto, el verdadero principio es el ser. El ser es:
- Uno: no hay multiplicidad real.
- Eterno: no nace ni muere.
- Inmóvil: no cambia.
- Inmutable: siempre es idéntico a sí mismo.
- Perfecto y completo: como una esfera finita y acabada.
Para Parménides, lo que nosotros vemos como cambio y multiplicidad es solo apariencia captada por los sentidos. La razón, en cambio, capta la verdad del ser. Por eso distingue dos caminos:
- La vía de la verdad: propia de la razón; conoce el ser.
- La vía de la opinión: propia de los sentidos; se queda en lo cambiante y engañoso.
Parménides sostuvo además que ser y pensar son lo mismo. Solo se puede pensar lo que es; lo que no es no puede ser pensado. Con esto sentó una base para lo que después se llamará el principio lógico de identidad: una cosa es idéntica a sí misma.
| Aspecto | Heráclito | Parménides |
|---|---|---|
| Principio | Fuego | Ser |
| Visión de lo real | Todo fluye | El ser es inmóvil |
| Instrumento principal | Observación de la naturaleza y de los opuestos | Razón frente a sentidos |
| Cambio | La realidad es cambio | El cambio es apariencia |
| Multiplicidad | Unidad de contrarios | Unidad absoluta |
Ambos representan los extremos de una tensión que los pluralistas intentarán resolver.
6. Los pluralistas: cómo salvar lo múltiple sin negar lo permanente
Después de Parménides, el problema era explicar la multiplicidad y el cambio sin contradecir la idea de que lo que es no puede dejar de ser. Los pluralistas respondieron: no hay un solo principio, sino varios. Cada principio es eterno e inmutable, pero sus combinaciones y separaciones producen los cambios que observamos.
6.1 Empédocles: las cuatro raíces y las fuerzas del amor y el odio
Empédocles de Agrigento vivió aproximadamente entre los años 483 y 430 a. C.
Propuso que la realidad está compuesta por cuatro raíces: agua, aire, fuego y tierra. Las cosas nacen cuando estas raíces se unen y mueren cuando se separan.
Pero la presencia de los cuatro elementos no basta para explicar el movimiento. Empédocles introdujo dos fuerzas cósmicas:
- El amor: fuerza de atracción que une los elementos y genera las cosas.
- El odio: fuerza de separación que los disgrega y provoca la corrupción.
De este modo, el cambio no es un paso del ser al no ser, sino una nueva combinación de elementos eternos.
6.2 Anaxágoras: las semillas y el Nous
Anaxágoras de Clazómenas vivió aproximadamente entre los años 500 y 428 a. C. Fue el primer filósofo en llegar a Atenas, invitado por el gobernante Pericles.
Anaxágoras propuso que el arché está constituido por una infinidad de homeomerías, también llamadas semillas.
Las homeomerías son partes materiales de todas las cosas. Están presentes en todo: en el pan que comes hay semillas de los distintos elementos que lo forman. Por eso se dice que en Anaxágoras «todo está en todo». Las semillas son infinitas y pueden dividirse infinitamente.
Ahora bien, si todo está en todo, ¿por qué vemos cosas distintas? Porque en cada cosa predomina un tipo de semilla.
Anaxágoras introdujo además una causa ordenadora: el Nous, una inteligencia divina que pone en movimiento y organiza las semillas, separándolas y combinándolas para formar el cosmos.
6.3 Demócrito: los átomos y el vacío
La teoría atomista fue iniciada por Leucipo y desarrollada por Demócrito de Abdera, quien vivió aproximadamente entre los años 460 y 370 a. C.
Demócrito sostuvo que la realidad está compuesta por:
- Átomos: partículas materiales, indivisibles, llenas, eternas, infinitas en número y de distintas formas y tamaños.
- Vacío: el espacio en el que los átomos se mueven.
Los átomos se mueven de forma espontánea en el vacío. Las cosas surgen cuando los átomos se agrupan y cambian cuando se separan y se reorganizan. Las diferencias entre las cosas dependen de la forma, orden y posición de los átomos.
El atomismo es la culminación del periodo cosmológico porque ofrece una explicación materialista y mecánica de la naturaleza: no necesita amor, odio ni inteligencia divina; basta con los átomos y el vacío en movimiento.
Diferencias entre Anaxágoras y Demócrito
| Aspecto | Anaxágoras | Demócrito |
|---|---|---|
| Principios | Homeomerías | Átomos y vacío |
| Naturaleza de los principios | Cualitativamente distintas, infinitamente divisibles | Cuantitativamente distintas, indivisibles |
| Movimiento | Organizado por el Nous | Movimiento espontáneo de los átomos |
| Tipo de explicación | Teleológica, con inteligencia ordenadora | Materialista y mecánica |
Cuidado
Errores frecuentes
Creer que el agua de Tales es el agua química que bebemos.
El agua de Tales es una physis líquida originaria, no el compuesto H₂O. Además, está cargada de vida y divinidad.Pensar que todos los presocráticos eran monistas.
Los milesios, Heráclito y Parménides fueron monistas, pero Empédocles, Anaxágoras y Demócrito fueron pluralistas.Confundir a Anaxágoras con Demócrito.
Las homeomerías de Anaxágoras son cualitativamente distintas y pueden dividirse infinitamente. Los átomos de Demócrito son indivisibles y se mueven en el vacío.Atribuir a Heráclito la negación de todo orden.
Aunque todo fluye, existe un lógos, es decir, un orden y una unidad de contrarios que regula el cambio.Atribuir a Parménides la negación del movimiento que vemos.
Parménides no decía que los sentidos no muestren movimiento; decía que ese movimiento pertenece al mundo de la apariencia, no a la verdad del ser.Pensar que los pitagóricos reducían la realidad a simples útiles matemáticos.
Para ellos, el número no era solo un instrumento para contar: era el principio real que da estructura y armonía a las cosas.
Aprende resolviendo
Ejemplos resueltos
Ejemplo 1
Un estudiante lee que un pensador de Mileto explica el origen de las cosas mediante la condensación y la rarefacción de un principio material. ¿A qué filósofo corresponde esta doctrina?
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 2
¿Cuál de las siguientes afirmaciones expresa correctamente la posición de Parménides frente a Heráclito?
- a) La realidad es esencialmente fuego.
- b) El ser es uno, inmóvil e inmutable.
- c) Todo está compuesto de átomos y vacío.
- d) La naturaleza se reduce a cuatro raíces.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 3
Un texto afirma que todas las cosas están formadas por semillas cualitativamente distintas y que una inteligencia divina ordena el conjunto. ¿Se trata de Anaxágoras o de Demócrito? ¿Por qué?
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 4
¿Por qué Anaximandro no aceptó el agua de Tales como principio y propuso el ápeiron?
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Lo que viene
Hacia el siguiente tema
El periodo cosmológico dejó respuestas sobre la naturaleza, pero también mostró límites: los filósofos de la physis no se ponían de acuerdo y, además, no respondían a las preguntas más urgentes para la vida humana. Por eso, en la segunda mitad del siglo V a. C., la filosofía dará un giro: del cosmos al ser humano. Ese es el paso hacia el periodo antropológico, en el que Sócrates y los sofistas pondrán en el centro la ética, la política y el conocimiento del ser humano.
¿Lo dominas?
Pon a prueba lo que aprendiste
20 preguntas de práctica tipo admisión y 11 preguntas reales de San Marcos, con clave y resolución explicada.
Evaluación del tema
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Hasta 6 básicas, 8 intermedias y 6 avanzadas; si un nivel no alcanza, se completa con el nivel más cercano. El diagnóstico recomienda una ruta; la evaluación final actualiza el porcentaje y puede marcar el tema como aprendido.
Aprender desde las preguntas
