
Existencialismo: Heidegger y Sartre (tesis del existencialismo, el Dasein y los tipos de existencia)
Descubre cómo Heidegger y Sartre anteponen la existencia a la esencia: aprenderás qué es el Dasein, los modos de existencia auténtica e inauténtica y la libertad como condena.
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El porqué del tema
¿Para qué estudiamos este tema?
El existencialismo de Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre es uno de los momentos más importantes de la filosofía del siglo XX. No es solo un conjunto de ideas académicas: es una forma de plantearse la vida, la libertad, el sentido y la muerte. Si el tema anterior fue el voluntarismo de Schopenhauer, recordemos que ese filósofo alemán del siglo XIX sostuvo que el fondo último de la realidad es una voluntad irracional e insaciable, lo que lo llevó a una visión pesimista de la existencia: la vida es sufrimiento y el deseo nunca se satisface plenamente. El existencialismo hereda ese interés por la existencia concreta del individuo, por el dolor, por la angustia y por lo que no puede reducirse a pura razón; pero, en lugar de detenerse en el pesimismo, muchos existencialistas —sobre todo Sartre— afirman que el ser humano es libertad y proyecto: no está condenado a una esencia fija, sino que se construye a sí mismo.
Estudiar este tema sirve para comprender preguntas como: ¿qué significa que la existencia preceda a la esencia? ¿Por qué Heidegger llama al hombre Dasein? ¿Qué diferencia hay entre una vida auténtica y una inauténtica? ¿Qué son el ser en-sí y el ser para-sí en Sartre? ¿Por qué la libertad puede ser una condena?
En los exámenes de admisión de la UNMSM, este tema aparece con relativa frecuencia dentro del bloque de filosofía contemporánea. Las preguntas suelen centrarse en distinguir la existencia auténtica de la inauténtica en Heidegger, reconocer al Dasein como ser-ahí, relacionar a Sartre con el ser para-sí o con la tesis de que el hombre empieza por ser nada, y diferenciar entre el ser en-sí (las cosas) y el ser para-sí (la conciencia humana). Por ello, el objetivo de este texto es que aprendas el tema completo desde cero, con las nociones clave, sus fundamentos y la forma en que suele evaluarse.
Al terminar, estarás preparado para abordar el siguiente tema, la filosofía analítica de Ludwig Wittgenstein, que supone un cambio radical de enfoque: si Heidegger y Sartre se preguntan por el ser y la existencia, Wittgenstein y los filósofos analíticos se preguntarán por el lenguaje y por los límites de lo que puede decirse.
Antes de empezar
Lo que necesitas saber antes
Antes de entrar de lleno en el existencialismo, conviene recordar tres conceptos previos que aparecerán constantemente:
Esencia y existencia.
En la tradición filosófica clásica, la esencia es aquello que hace que una cosa sea lo que es: su definición, su naturaleza, su “qué”. La existencia, en cambio, es el hecho de que esa cosa esté en la realidad, el “que sea”. Por ejemplo, la esencia de un triángulo es ser una figura plana de tres lados; su existencia puede darse o no en un dibujo concreto. Durante siglos, la filosofía consideró que la esencia era anterior o superior a la existencia: primero hay que saber qué es el hombre para saber si existe o cómo debe existir. El existencialismo invertirá esta relación.El sujeto moderno.
Descartes puso en el centro al sujeto pensante: “pienso, luego existo”. Desde entonces, la filosofía se preguntó por el conocimiento, la conciencia y la racionalidad. El existencialismo, en cambio, desplaza el eje: no interesa tanto el sujeto que conoce, sino el ser humano que vive, sufre, elige y muere. No parte de un sujeto abstracto, sino de la existencia concreta.La crítica a la razón y al cientificismo.
Durante el siglo XIX y comienzos del XX, filósofos como Schopenhauer y Nietzsche cuestionaron la idea de que la razón pueda explicarlo todo. El positivismo y el cientificismo reducían al hombre a objeto de estudio: química, física, economía, sociología. El existencialismo reacciona contra esa reducción: la existencia humana no puede ser tratada como si fuera una cosa más entre las cosas.
Estos antecedentes explican por qué el existencialismo se presenta como una filosofía de la subjetividad, de la libertad y de la existencia concreta, y no como una teoría abstracta de la realidad.
1. El existencialismo: una filosofía de la existencia concreta
1.1. Contexto y significado general
El existencialismo no es una escuela uniforme con un único sistema. Más bien, es una corriente filosófica que agrupa a pensadores muy distintos, pero que comparten un punto de partida: lo principal de la realidad es la existencia humana concreta e individual. Antes que la esencia, antes que las categorías universales, está el individuo que existe, siente, decide y muere.
Surgió entre los siglos XIX y XX, con raíces en el danés Søren Kierkegaard (considerado precursor), y tuvo gran desarrollo en Alemania y Francia. Sus principales representantes suelen dividirse en:
- Existencialistas creyentes o teístas: Søren Kierkegaard, Gabriel Marcel, Karl Jaspers.
- Existencialistas ateos: Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Simone de Beauvoir.
Aunque Heidegger no se consideraba a sí mismo “existencialista” en el sentido sartreano, su análisis de la existencia humana influyó decisivamente en el movimiento. Por eso, en muchos temarios se estudian juntos Heidegger y Sartre, tal como haremos aquí.
1.2. Tesis central del existencialismo
La tesis más célebre del existencialismo, especialmente en Sartre, es: “La existencia precede a la esencia”.
¿Qué significa?
En las cosas, la esencia precede a la existencia: un carpintero piensa primero qué será un objeto (su esencia, su definición) y luego lo fabrica; la esencia está antes. En el ser humano, según el existencialismo, ocurre lo contrario: primero existimos, somos lanzados al mundo, y solo después nos definimos. El hombre no nace con una naturaleza ya hecha, sino que tiene que hacerse a sí mismo mediante sus elecciones.
Esta idea tiene consecuencias radicales:
- No hay una “naturaleza humana” universal que determine de antemano lo que somos.
- El ser humano es libertad y proyecto.
- El hombre es responsable de lo que llega a ser, porque no puede excusarse en Dios, en la naturaleza o en el destino.
- La existencia se vive como angustia, desamparo y desesperación, pero también como posibilidad.
El existencialismo no concibe la existencia como algo hecho, sino como un proyecto vital siempre abierto.
1.3. Temas existenciales comunes
Los existencialistas tratan asuntos como:
- La existencia individual frente a los sistemas abstractos.
- La libertad y la responsabilidad.
- La angustia ante la nada, la muerte o la falta de fundamento.
- La autenticidad frente a la vida impersonal y gregaria.
- El absurdo de la existencia y la búsqueda de sentido.
- La finitud humana: el hombre es un ser temporal, abocado a la muerte.
Estos temas ya estaban presentes en Schopenhauer (el dolor, la voluntad, la insatisfacción), pero el existencialismo los desarrolla desde una perspectiva más centrada en la libertad y en la responsabilidad individual.
2. Martin Heidegger: la pregunta por el ser y el *Dasein*
2.1. Vida, obra y propósito filosófico
Martin Heidegger (1889-1976) fue un filósofo alemán, discípulo de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. Su obra más importante es Ser y tiempo (Sein und Zeit, 1927), aunque también escribió ¿Qué es la metafísica? (1929) y Carta sobre el humanismo (1947), entre otras.
Su proyecto filosófico puede resumirse así: rehabilitar la pregunta por el sentido del Ser. Heidegger observa que la filosofía occidental, desde Parménides, Platón y Aristóteles, se ha olvidado del Ser como tal y ha terminado ocupándose solo de los entes, es decir, de las cosas concretas. A ese descuido lo llama “el olvido del ser”.
Para Heidegger, la pregunta fundamental no es “¿qué es el hombre?” ni “¿qué es la naturaleza?”, sino algo más radical: “¿Por qué hay algo y no más bien la nada?”. Esa pregunta interroga por el Ser mismo, no por tal o cual ente.
2.2. El olvido del ser y la diferencia ontológica
Heidegger distingue tajantemente dos conceptos:
- Ente: todo aquello que existe: una mesa, un árbol, una persona, un número. Los entes son cosas determinadas, con propiedades.
- Ser: aquello por lo cual los entes son; el horizonte de sentido que hace que los entes se manifiesten. El Ser no es un ente más, no es una cosa, no es Dios como un súper-ente.
La metafísica tradicional, según Heidegger, ha cometido un error fundamental: ha confundido el Ser con un ente. Por ejemplo, Platón puso el Ser en las Ideas; la teología cristiana lo identificó con Dios como ser supremo (Ens Summum); la técnica moderna lo reduce todo a entes dominables. En todos esos casos, el Ser ha quedado olvidado.
Heidegger denomina diferencia ontológica a la distinción radical entre ser y ente. Solo a partir de esa diferencia puede plantearse la pregunta por el Ser.
Ahora bien, no todas las disciplinas preguntan de la misma manera. Heidegger distingue entre:
- Lo óntico: se refiere a los entes individuales y concretos. Las ciencias positivas (física, química, biología, historia) estudian los entes desde un punto de vista óntico: describen sus propiedades, leyes y relaciones.
- Lo ontológico: se refiere al Ser y a su estructura fundamental. La filosofía, para Heidegger, debe ser ontológica: debe interrogarse por el sentido del Ser.
Dentro de lo ontológico, Heidegger establece otra distinción:
- Ontologías regionales: estudian el ser de un ámbito particular de entes. Por ejemplo, la ontología de la naturaleza, la ontología de la obra de arte, la ontología de los valores.
- Ontología fundamental: reflexiona sobre el sentido del Ser en general. Es el objetivo último de Heidegger.
En resumen: la ciencia describe entes (óntico); la ontología regional investiga el ser de un tipo de ente; la ontología fundamental pregunta por el Ser mismo.
2.3. El Dasein: el ser-ahí
Para llegar al Ser, Heidegger necesita primero analizar a aquel ente que puede formular la pregunta por el Ser: el ser humano. Pero no lo llama “hombre”, “sujeto” o “conciencia”, porque esos términos arrastran presupuestos metafísicos. Lo llama Dasein.
Dasein es una palabra alemana que puede traducirse como “ser-ahí” o “estar-aquí”. Con ella, Heidegger quiere expresar que el ser humano es:
- Un ente privilegiado: es el único ente que se pregunta por el Ser.
- Apertura al Ser: el Dasein no está encerrado en sí mismo, sino que está abierto al mundo, a los demás y al Ser.
- Existencia en el mundo: no existe como una mente aislada, sino como un ser que ya está “arrojado” al mundo.
Una de las tesis más importantes de Heidegger es que el Dasein no tiene esencia determinada al modo de las cosas. Una mesa es lo que es: tiene esencia y existencia. El Dasein, en cambio, tiene existencia, pero no esencia en el sentido clásico. Su ser consiste en existir, es decir, en hacerse a sí mismo. Por eso se dice que el Dasein es posibilidad pura: no está acabado, sino que se va realizando.
2.4. La analítica existencial: modos de ser del Dasein
Heidegger emprende la analítica existencial: el análisis de las estructuras fundamentales de la existencia humana. A las estructuras que determinan al Dasein las llama existenciales, por oposición a las categorías, que determinan a las cosas.
Los existenciales básicos son:
| Dimensión del Dasein | Existencial correspondiente | Modo de relación |
|---|---|---|
| Relación del Dasein consigo mismo | Cuidado (Sorge) | El Dasein se preocupa por su propio ser |
| Relación con las cosas del mundo | Ocupación (Besorgen) | El Dasein manipula utensilios, se ocupa de los entes |
| Relación con los otros Dasein | Solicitud (Fürsorge) | El Dasein se relaciona con los demás |
Además, la estructura del Dasein puede expresarse como:
- Ser-en-el-mundo: el Dasein no está separado del mundo, sino que mundo y Dasein se copertenecen. El mundo no es un espacio vacío, sino el horizonte de significado en el que el Dasein vive y actúa.
- Ser-con-los-otros: el Dasein siempre coexiste con otros Dasein. No existe un yo solitario primero y luego una relación con los demás; la relación es originaria.
Estos existenciales muestran que el hombre no es un sujeto aislado frente a un mundo externo, sino un ser-en-el-mundo, abierto y en relación.
2.5. Existencia auténtica e inauténtica
Uno de los puntos más evaluados de Heidegger es la distinción entre existencia auténtica y existencia inauténtica.
El Dasein cotidiano suele vivir de manera inauténtica. En lugar de asumir su propia posibilidad, se diluye en el anonimato del “se dice”, “se hace”, “se piensa”. Heidegger describe tres rasgos típicos de esta existencia inauténtica o impropia:
- Habladuría: hablar por hablar, repetir opiniones ajenas sin comprensión propia.
- Curiosidad: dispersión en lo novedoso, en lo superficial, sin profundizar en nada.
- Ambigüedad o equívoco: todo parece comprendido, pero en realidad nada es asumido seriamente.
En la existencia inauténtica, el Dasein huye de sí mismo, se refugia en la masa, evita la angustia y no se enfrenta a su finitud.
La existencia auténtica, en cambio, es aquella en la que el Dasein se asume a sí mismo, asume su finitud, su posibilidad y su muerte. Para lograrlo, debe afrontar la angustia y elegir sus posibilidades más propias, en lugar de imitar a los demás.
La angustia es clave en Heidegger. No debe confundirse con el miedo. El miedo siempre es miedo a algo concreto: a un perro, a un examen. La angustia, en cambio, no tiene objeto definido: es la revelación de la nada, del hecho de que estamos arrojados al mundo sin fundamento último. La angustia saca al Dasein de la cotidianidad y lo enfrenta a su ser más propio.
2.6. La muerte y el ser-para-la-muerte
Heidegger sostiene que el Dasein es un ser-para-la-muerte. La muerte no es un hecho externo que ocurra al final, sino una posibilidad que acompaña a la existencia desde siempre y que la define.
Las características de la muerte según Heidegger son:
- Inminente: puede suceder en cualquier momento, no está fijada en una fecha.
- Peculiar o más propia: la muerte es la posibilidad más propia del Dasein; nadie puede morir por otro.
- Irreferente: mi muerte no puede ser comunicada ni compartida; es absolutamente intransferible.
- Irrebasable: no se puede ir más allá de la muerte; es el fin de toda posibilidad.
- Cierta: es segura, todos moriremos.
- Indeterminada: no sabemos cuándo llegará.
La existencia inauténtica huye de la muerte: la trata como un suceso lejano que “les pasa a otros”. La existencia auténtica, en cambio, asume la muerte como posibilidad, se adelanta a ella y, así, vive con plenitud, eligiendo sus posibilidades más propias. “Afrontar la angustia ante la muerte” es condición de autenticidad.
3. Jean-Paul Sartre: existencia, libertad y el ser en-sí y para-sí
3.1. Vida, obra y propósito
Jean-Paul Sartre (1905-1980) fue un filósofo, escritor y dramaturgo francés, máximo representante del existencialismo ateo en Francia. Sus obras filosóficas fundamentales son:
- El ser y la nada (1943): su obra más técnica, donde expone su ontología.
- El existencialismo es un humanismo (1946): conferencia breve y accesible donde defiende el existencialismo de las críticas.
- Otras obras: La náusea, Las moscas, Crítica de la razón dialéctica.
Sartre convirtió el existencialismo en un movimiento cultural y político. Su tesis central es que la existencia precede a la esencia, y de ahí extrae una teoría del hombre como libertad radical.
3.2. La tesis: la existencia precede a la esencia
Sartre parte de una crítica a la filosofía tradicional, tanto religiosa como racionalista. Durante siglos se pensó que el hombre tenía una esencia previa: un plan divino, una naturaleza racional, un destino. Sartre sostiene lo contrario: el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y solo después se define.
Su explicación es famosa:
- Si Dios existiera y hubiera creado al hombre, ese Dios tendría una idea previa del hombre, como el artesano que fabrica un cortapapel: primero piensa su esencia y luego lo produce. En ese caso, la esencia precedería a la existencia.
- Pero el existencialismo ateo niega a Dios. Entonces, hay al menos un ser en el que la existencia precede a la esencia: el hombre. El hombre es lo que se hace, lo que proyecta ser.
Esta tesis implica:
- No hay naturaleza humana que determine de antemano al ser humano.
- El hombre es él mismo: es lo que ha proyectado ser y ha realizado.
- El hombre es responsable de su ser, porque no puede atribuirlo a un destino, a Dios o a la naturaleza.
- Si el hombre empieza por ser nada, solo después será tal como se haya hecho.
3.3. El ser en-sí y el ser para-sí
Sartre distingue dos regiones del ser:
a) El ser en-sí (être-en-soi)
Es el ser de las cosas, de los objetos. Sus características:
- Es lo que es. El ser en-sí es plenitud, opacidad, macicez. Una mesa es mesa y nada más; no puede cuestionarse ni transformarse a sí misma.
- Carece de conciencia. No tiene interioridad, no se relaciona consigo mismo.
- Está dado de una vez por todas. No tiene posibilidad, no tiene proyecto.
- Es masivo, idéntico a sí mismo, contingente e injustificado.
El en-sí es la existencia bruta, sin conciencia, sin libertad, sin futuro.
b) El ser para-sí (être-pour-soi)
Es el ser de la conciencia humana. Sus características:
- No es lo que es; es lo que no es, y no es lo que es. Esta fórmula paradójica expresa que la conciencia es una nada: se trasciende a sí misma, se proyecta hacia el futuro, nunca está acabada.
- Es libertad. El para-sí es pura elección, puro proyecto.
- Es nadificación. La conciencia introduce la nada en el ser: niega lo dado, lo cuestiona, lo supera.
- Es temporal. El para-sí siempre está en movimiento: es pasado (lo que ya fue), presente (su situación) y futuro (su proyecto). No coincide jamás consigo mismo.
Mientras que el en-sí es pleno y cerrado, el para-sí es una falta, un vacío, un deseo de ser. Por eso el hombre es un ser que siempre está haciéndose.
Esquema comparativo entre el ser en-sí y el ser para-sí
3.4. El ser para-otro
Además del en-sí y el para-sí, Sartre reconoce una tercera dimensión: el ser para-otro (être-pour-autrui).
El ser humano no vive aislado. Su conciencia se encuentra con otras conciencias. La experiencia fundamental de esta relación es la mirada del otro. Cuando alguien me mira, me convierte en un objeto, en un en-sí para él: me fija, me etiqueta, me reduce a lo que soy (tímido, feo, lento). Al mismo tiempo, yo también convierto al otro en objeto con mi mirada.
Esto genera conflictos, vergüenza y la lucha por el reconocimiento. Para Sartre, las relaciones humanas están marcadas por la cosificación y el intento de recuperar la propia subjetividad. En su famosa frase: “El infierno son los otros” (de la obra A puerta cerrada), expresa dramáticamente que la mirada del otro puede ser una condena, aunque no significa que toda relación sea mala, sino que es estructuralmente conflictiva.
3.5. La libertad y sus consecuencias: angustia, desamparo, desesperación
Para Sartre, el hombre está condenado a ser libre. “Condenado”, porque no ha elegido existir; pero una vez en el mundo, es responsable de todo lo que hace.
Esta libertad radical tiene tres consecuencias existenciales:
Angustia: es la conciencia de que soy el único autor de mis actos y de que no hay fundamento externo que justifique mis decisiones. Al elegir, elijo por mí y por toda la humanidad, pues mis elecciones son un modelo de hombre. De ahí que la angustia sea la responsabilidad ante la libertad.
Desamparo: si Dios no existe, no hay valores absolutos ni mandamientos previos. Estamos solos, sin excusas. Sartre lo ilustra con el ejemplo de un joven que debe elegir entre cuidar a su madre o unirse a la resistencia. No hay ningún libro que le diga qué hacer; está desamparado, y su decisión será suya.
Desesperación: solo puedo contar con lo que depende de mi voluntad, no con resultados seguros ni con el apoyo de otros. La desesperación no es quietud, sino acción: debo hacer lo que puedo y asumir que el resto no está garantizado.
3.6. La mala fe (mauvaise foi)
Sartre denuncia la mala fe: el intento de huir de la libertad y de la responsabilidad mintiéndose a uno mismo. Es una forma de autoengaño existencial, distinta de la mentira común, porque en la mala fe la misma conciencia se oculta a sí misma su libertad.
Ejemplos de mala fe:
- Decir “yo soy así” como si fuéramos una cosa con esencia fija, negando nuestra posibilidad de cambio.
- Excusarse en el papel social (“hago esto porque soy camarero y los camareros hacen esto”), reduciéndose a un en-sí.
- Atribuir a Dios, al destino o a la biología lo que en realidad son elecciones propias.
La buena fe, en cambio, consiste en asumir la libertad y la responsabilidad sin excusas.
3.7. El existencialismo como humanismo y la concepción del hombre
Sartre defiende que el existencialismo es un humanismo, porque no degrada al hombre, sino que lo dignifica: le devuelve su libertad y su responsabilidad. El hombre no es un objeto, no está determinado: es un proyecto que se vive a sí mismo.
La concepción sartreana del hombre puede resumirse así:
- No hay esencia previa. El hombre es nada al comienzo; solo después se define.
- El hombre es lo que hace de sí mismo. Es el conjunto de sus actos, su proyecto.
- El hombre es libertad. No elegir ya es una elección.
- El hombre es responsable de sí y de toda la humanidad.
- El hombre es un ser en situación, pero la situación no lo determina: él la asume y le da sentido.
Esta concepción es radicalmente opuesta a la de Schopenhauer: mientras Schopenhauer veía al individuo arrastrado por una voluntad irracional e inevitable, Sartre ve al hombre como ser libre que se construye en cada decisión.
4. Comparación entre Heidegger y Sartre
Aunque ambos son existencialistas, hay diferencias importantes:
| Aspecto | Heidegger | Sartre |
|---|---|---|
| Pregunta central | El sentido del Ser | La libertad y la existencia humana |
| Término para el hombre | Dasein (ser-ahí) | Para-sí (conciencia libre) |
| Relación con la tradición | Crítica a la metafísica por olvidar el Ser | Crítica a la idea de naturaleza humana |
| Concepto de libertad | El Dasein es posibilidad, puede ser auténtico o inauténtico | El hombre está condenado a ser libre, es proyecto |
| Papel de la muerte | Ser-para-la-muerte: asumirla permite la autenticidad | La muerte no es fuente de autenticidad; la libertad es el absoluto |
| Valores | No hay ética explícita en Ser y tiempo | El existencialismo es un humanismo: el hombre crea sus valores |
| Ontología | Diferencia entre ser y ente; analítica existencial | Ser en-sí, ser para-sí, ser para-otro |
Ambos comparten: la prioridad de la existencia concreta, el rechazo al esencialismo, la idea de que el hombre no es una cosa, y la atención a la angustia y la finitud.
Cuidado
Errores frecuentes
Confundir existencia auténtica con vida feliz o moralmente buena.
En Heidegger, auténtico no significa “bueno” en sentido moral, sino asumido: uno puede ser auténtico incluso tomando decisiones dolorosas o socialmente reprobables. Lo contrario es la inautenticidad: vivir según “se dice”, sin asumir la propia posibilidad.Pensar que el Dasein es simplemente “el hombre”.
El Dasein no es un sinónimo biológico de ser humano, sino el nombre que Heidegger da al ente que se pregunta por el Ser, para evitar presupuestos metafísicos. Es un concepto ontológico, no antropológico.Creer que “existencia precede a la esencia” significa que no hay ninguna condición humana.
Sartre admite que hay una condición humana universal: todos los hombres nacen, viven en un mundo, trabajan, mueren. Lo que niega es una esencia fija que determine lo que cada uno debe ser.Identificar el ser en-sí con la conciencia.
El en-sí es el ser de las cosas, no de la conciencia. La conciencia es el para-sí. Invertir esta distinción es un error común.Confundir angustia con miedo.
En Heidegger, la angustia no tiene objeto; el miedo sí. En Sartre, la angustia es la conciencia de la responsabilidad ante la libertad, no un miedo concreto.Atribuir a Heidegger la frase “el infierno son los otros”.
Esa frase es de Sartre (en su obra A puerta cerrada). Heidegger habla de la existencia inauténtica, pero no con esa expresión.Pensar que el existencialismo es pesimista y quietista.
Sartre insistió en que su filosofía es optimista y activa: si el hombre se hace, entonces todo está por hacer; la desesperación no es quietud, sino acción.
Aprende resolviendo
Ejemplos resueltos
Ejemplo 1 (nivel básico)
Pregunta:
Según Heidegger, el Dasein se caracteriza por:
A) Tener una esencia racional definida.
B) Ser un ente cuya existencia consiste en hacerse a sí mismo.
C) Ser idéntico al ser en-sí de Sartre.
D) Vivir siempre de modo auténtico.
E) Estar determinado por la naturaleza.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 2 (nivel intermedio)
Pregunta:
Un estudiante vive repitiendo opiniones ajenas, sin reflexionar, y evita toda conversación seria sobre la muerte. Según Heidegger, esta vida es:
A) Auténtica, porque se adapta a la sociedad.
B) Inauténtica, porque huye de la angustia y no asume su finitud.
C) Auténtica, porque comparte con los otros.
D) Inauténtica, pero solo porque no ha leído a Heidegger.
E) Neutra, porque la autenticidad no depende de estos rasgos.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 3 (nivel intermedio-avanzado)
Pregunta:
Para Sartre, si el ser humano es libre y no tiene naturaleza previa, entonces su responsabilidad:
A) Se limita a sus actos privados.
B) Es solo ante Dios.
C) Es total, y al elegir elige por toda la humanidad.
D) Desaparece, porque no hay valores objetivos.
E) Depende de su situación social.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 4 (nivel avanzado)
Pregunta:
¿Cuál de las siguientes afirmaciones es compatible con la ontología de Sartre?
A) El ser en-sí es conciencia pura y libertad.
B) El para-sí es pleno, macizo y idéntico a sí mismo.
C) La mirada del otro convierte al para-sí en un en-sí, cosificándolo.
D) El hombre está determinado por su esencia.
E) La existencia auténtica consiste en aceptar la muerte.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Lo que viene
Hacia el siguiente tema
Con Heidegger y Sartre, la filosofía europea llevó al extremo la reflexión sobre el ser, la existencia y la libertad. Pero en el mismo siglo XX, surgió una reacción desde la lógica y el lenguaje: la filosofía analítica, cuyo representante más influyente en la primera mitad del siglo fue Ludwig Wittgenstein. Si Heidegger buscaba el sentido del Ser y Sartre analizaba la conciencia y la libertad, Wittgenstein se preguntará por los límites del lenguaje y por el significado de las proposiciones. Del “ser-ahí” y del “para-sí” pasaremos al “juego de lenguaje” y a la crítica del lenguaje filosófico: un giro que marcará la filosofía académica anglosajona durante décadas.
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El porqué del tema
¿Para qué estudiamos este tema?
El existencialismo de Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre es uno de los momentos más importantes de la filosofía del siglo XX. No es solo un conjunto de ideas académicas: es una forma de plantearse la vida, la libertad, el sentido y la muerte. Si el tema anterior fue el voluntarismo de Schopenhauer, recordemos que ese filósofo alemán del siglo XIX sostuvo que el fondo último de la realidad es una voluntad irracional e insaciable, lo que lo llevó a una visión pesimista de la existencia: la vida es sufrimiento y el deseo nunca se satisface plenamente. El existencialismo hereda ese interés por la existencia concreta del individuo, por el dolor, por la angustia y por lo que no puede reducirse a pura razón; pero, en lugar de detenerse en el pesimismo, muchos existencialistas —sobre todo Sartre— afirman que el ser humano es libertad y proyecto: no está condenado a una esencia fija, sino que se construye a sí mismo.
Estudiar este tema sirve para comprender preguntas como: ¿qué significa que la existencia preceda a la esencia? ¿Por qué Heidegger llama al hombre Dasein? ¿Qué diferencia hay entre una vida auténtica y una inauténtica? ¿Qué son el ser en-sí y el ser para-sí en Sartre? ¿Por qué la libertad puede ser una condena?
En los exámenes de admisión de la UNMSM, este tema aparece con relativa frecuencia dentro del bloque de filosofía contemporánea. Las preguntas suelen centrarse en distinguir la existencia auténtica de la inauténtica en Heidegger, reconocer al Dasein como ser-ahí, relacionar a Sartre con el ser para-sí o con la tesis de que el hombre empieza por ser nada, y diferenciar entre el ser en-sí (las cosas) y el ser para-sí (la conciencia humana). Por ello, el objetivo de este texto es que aprendas el tema completo desde cero, con las nociones clave, sus fundamentos y la forma en que suele evaluarse.
Al terminar, estarás preparado para abordar el siguiente tema, la filosofía analítica de Ludwig Wittgenstein, que supone un cambio radical de enfoque: si Heidegger y Sartre se preguntan por el ser y la existencia, Wittgenstein y los filósofos analíticos se preguntarán por el lenguaje y por los límites de lo que puede decirse.
Antes de empezar
Lo que necesitas saber antes
Antes de entrar de lleno en el existencialismo, conviene recordar tres conceptos previos que aparecerán constantemente:
Esencia y existencia.
En la tradición filosófica clásica, la esencia es aquello que hace que una cosa sea lo que es: su definición, su naturaleza, su “qué”. La existencia, en cambio, es el hecho de que esa cosa esté en la realidad, el “que sea”. Por ejemplo, la esencia de un triángulo es ser una figura plana de tres lados; su existencia puede darse o no en un dibujo concreto. Durante siglos, la filosofía consideró que la esencia era anterior o superior a la existencia: primero hay que saber qué es el hombre para saber si existe o cómo debe existir. El existencialismo invertirá esta relación.El sujeto moderno.
Descartes puso en el centro al sujeto pensante: “pienso, luego existo”. Desde entonces, la filosofía se preguntó por el conocimiento, la conciencia y la racionalidad. El existencialismo, en cambio, desplaza el eje: no interesa tanto el sujeto que conoce, sino el ser humano que vive, sufre, elige y muere. No parte de un sujeto abstracto, sino de la existencia concreta.La crítica a la razón y al cientificismo.
Durante el siglo XIX y comienzos del XX, filósofos como Schopenhauer y Nietzsche cuestionaron la idea de que la razón pueda explicarlo todo. El positivismo y el cientificismo reducían al hombre a objeto de estudio: química, física, economía, sociología. El existencialismo reacciona contra esa reducción: la existencia humana no puede ser tratada como si fuera una cosa más entre las cosas.
Estos antecedentes explican por qué el existencialismo se presenta como una filosofía de la subjetividad, de la libertad y de la existencia concreta, y no como una teoría abstracta de la realidad.
1. El existencialismo: una filosofía de la existencia concreta
1.1. Contexto y significado general
El existencialismo no es una escuela uniforme con un único sistema. Más bien, es una corriente filosófica que agrupa a pensadores muy distintos, pero que comparten un punto de partida: lo principal de la realidad es la existencia humana concreta e individual. Antes que la esencia, antes que las categorías universales, está el individuo que existe, siente, decide y muere.
Surgió entre los siglos XIX y XX, con raíces en el danés Søren Kierkegaard (considerado precursor), y tuvo gran desarrollo en Alemania y Francia. Sus principales representantes suelen dividirse en:
- Existencialistas creyentes o teístas: Søren Kierkegaard, Gabriel Marcel, Karl Jaspers.
- Existencialistas ateos: Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Simone de Beauvoir.
Aunque Heidegger no se consideraba a sí mismo “existencialista” en el sentido sartreano, su análisis de la existencia humana influyó decisivamente en el movimiento. Por eso, en muchos temarios se estudian juntos Heidegger y Sartre, tal como haremos aquí.
1.2. Tesis central del existencialismo
La tesis más célebre del existencialismo, especialmente en Sartre, es: “La existencia precede a la esencia”.
¿Qué significa?
En las cosas, la esencia precede a la existencia: un carpintero piensa primero qué será un objeto (su esencia, su definición) y luego lo fabrica; la esencia está antes. En el ser humano, según el existencialismo, ocurre lo contrario: primero existimos, somos lanzados al mundo, y solo después nos definimos. El hombre no nace con una naturaleza ya hecha, sino que tiene que hacerse a sí mismo mediante sus elecciones.
Esta idea tiene consecuencias radicales:
- No hay una “naturaleza humana” universal que determine de antemano lo que somos.
- El ser humano es libertad y proyecto.
- El hombre es responsable de lo que llega a ser, porque no puede excusarse en Dios, en la naturaleza o en el destino.
- La existencia se vive como angustia, desamparo y desesperación, pero también como posibilidad.
El existencialismo no concibe la existencia como algo hecho, sino como un proyecto vital siempre abierto.
1.3. Temas existenciales comunes
Los existencialistas tratan asuntos como:
- La existencia individual frente a los sistemas abstractos.
- La libertad y la responsabilidad.
- La angustia ante la nada, la muerte o la falta de fundamento.
- La autenticidad frente a la vida impersonal y gregaria.
- El absurdo de la existencia y la búsqueda de sentido.
- La finitud humana: el hombre es un ser temporal, abocado a la muerte.
Estos temas ya estaban presentes en Schopenhauer (el dolor, la voluntad, la insatisfacción), pero el existencialismo los desarrolla desde una perspectiva más centrada en la libertad y en la responsabilidad individual.
2. Martin Heidegger: la pregunta por el ser y el *Dasein*
2.1. Vida, obra y propósito filosófico
Martin Heidegger (1889-1976) fue un filósofo alemán, discípulo de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. Su obra más importante es Ser y tiempo (Sein und Zeit, 1927), aunque también escribió ¿Qué es la metafísica? (1929) y Carta sobre el humanismo (1947), entre otras.
Su proyecto filosófico puede resumirse así: rehabilitar la pregunta por el sentido del Ser. Heidegger observa que la filosofía occidental, desde Parménides, Platón y Aristóteles, se ha olvidado del Ser como tal y ha terminado ocupándose solo de los entes, es decir, de las cosas concretas. A ese descuido lo llama “el olvido del ser”.
Para Heidegger, la pregunta fundamental no es “¿qué es el hombre?” ni “¿qué es la naturaleza?”, sino algo más radical: “¿Por qué hay algo y no más bien la nada?”. Esa pregunta interroga por el Ser mismo, no por tal o cual ente.
2.2. El olvido del ser y la diferencia ontológica
Heidegger distingue tajantemente dos conceptos:
- Ente: todo aquello que existe: una mesa, un árbol, una persona, un número. Los entes son cosas determinadas, con propiedades.
- Ser: aquello por lo cual los entes son; el horizonte de sentido que hace que los entes se manifiesten. El Ser no es un ente más, no es una cosa, no es Dios como un súper-ente.
La metafísica tradicional, según Heidegger, ha cometido un error fundamental: ha confundido el Ser con un ente. Por ejemplo, Platón puso el Ser en las Ideas; la teología cristiana lo identificó con Dios como ser supremo (Ens Summum); la técnica moderna lo reduce todo a entes dominables. En todos esos casos, el Ser ha quedado olvidado.
Heidegger denomina diferencia ontológica a la distinción radical entre ser y ente. Solo a partir de esa diferencia puede plantearse la pregunta por el Ser.
Ahora bien, no todas las disciplinas preguntan de la misma manera. Heidegger distingue entre:
- Lo óntico: se refiere a los entes individuales y concretos. Las ciencias positivas (física, química, biología, historia) estudian los entes desde un punto de vista óntico: describen sus propiedades, leyes y relaciones.
- Lo ontológico: se refiere al Ser y a su estructura fundamental. La filosofía, para Heidegger, debe ser ontológica: debe interrogarse por el sentido del Ser.
Dentro de lo ontológico, Heidegger establece otra distinción:
- Ontologías regionales: estudian el ser de un ámbito particular de entes. Por ejemplo, la ontología de la naturaleza, la ontología de la obra de arte, la ontología de los valores.
- Ontología fundamental: reflexiona sobre el sentido del Ser en general. Es el objetivo último de Heidegger.
En resumen: la ciencia describe entes (óntico); la ontología regional investiga el ser de un tipo de ente; la ontología fundamental pregunta por el Ser mismo.
2.3. El Dasein: el ser-ahí
Para llegar al Ser, Heidegger necesita primero analizar a aquel ente que puede formular la pregunta por el Ser: el ser humano. Pero no lo llama “hombre”, “sujeto” o “conciencia”, porque esos términos arrastran presupuestos metafísicos. Lo llama Dasein.
Dasein es una palabra alemana que puede traducirse como “ser-ahí” o “estar-aquí”. Con ella, Heidegger quiere expresar que el ser humano es:
- Un ente privilegiado: es el único ente que se pregunta por el Ser.
- Apertura al Ser: el Dasein no está encerrado en sí mismo, sino que está abierto al mundo, a los demás y al Ser.
- Existencia en el mundo: no existe como una mente aislada, sino como un ser que ya está “arrojado” al mundo.
Una de las tesis más importantes de Heidegger es que el Dasein no tiene esencia determinada al modo de las cosas. Una mesa es lo que es: tiene esencia y existencia. El Dasein, en cambio, tiene existencia, pero no esencia en el sentido clásico. Su ser consiste en existir, es decir, en hacerse a sí mismo. Por eso se dice que el Dasein es posibilidad pura: no está acabado, sino que se va realizando.
2.4. La analítica existencial: modos de ser del Dasein
Heidegger emprende la analítica existencial: el análisis de las estructuras fundamentales de la existencia humana. A las estructuras que determinan al Dasein las llama existenciales, por oposición a las categorías, que determinan a las cosas.
Los existenciales básicos son:
| Dimensión del Dasein | Existencial correspondiente | Modo de relación |
|---|---|---|
| Relación del Dasein consigo mismo | Cuidado (Sorge) | El Dasein se preocupa por su propio ser |
| Relación con las cosas del mundo | Ocupación (Besorgen) | El Dasein manipula utensilios, se ocupa de los entes |
| Relación con los otros Dasein | Solicitud (Fürsorge) | El Dasein se relaciona con los demás |
Además, la estructura del Dasein puede expresarse como:
- Ser-en-el-mundo: el Dasein no está separado del mundo, sino que mundo y Dasein se copertenecen. El mundo no es un espacio vacío, sino el horizonte de significado en el que el Dasein vive y actúa.
- Ser-con-los-otros: el Dasein siempre coexiste con otros Dasein. No existe un yo solitario primero y luego una relación con los demás; la relación es originaria.
Estos existenciales muestran que el hombre no es un sujeto aislado frente a un mundo externo, sino un ser-en-el-mundo, abierto y en relación.
2.5. Existencia auténtica e inauténtica
Uno de los puntos más evaluados de Heidegger es la distinción entre existencia auténtica y existencia inauténtica.
El Dasein cotidiano suele vivir de manera inauténtica. En lugar de asumir su propia posibilidad, se diluye en el anonimato del “se dice”, “se hace”, “se piensa”. Heidegger describe tres rasgos típicos de esta existencia inauténtica o impropia:
- Habladuría: hablar por hablar, repetir opiniones ajenas sin comprensión propia.
- Curiosidad: dispersión en lo novedoso, en lo superficial, sin profundizar en nada.
- Ambigüedad o equívoco: todo parece comprendido, pero en realidad nada es asumido seriamente.
En la existencia inauténtica, el Dasein huye de sí mismo, se refugia en la masa, evita la angustia y no se enfrenta a su finitud.
La existencia auténtica, en cambio, es aquella en la que el Dasein se asume a sí mismo, asume su finitud, su posibilidad y su muerte. Para lograrlo, debe afrontar la angustia y elegir sus posibilidades más propias, en lugar de imitar a los demás.
La angustia es clave en Heidegger. No debe confundirse con el miedo. El miedo siempre es miedo a algo concreto: a un perro, a un examen. La angustia, en cambio, no tiene objeto definido: es la revelación de la nada, del hecho de que estamos arrojados al mundo sin fundamento último. La angustia saca al Dasein de la cotidianidad y lo enfrenta a su ser más propio.
2.6. La muerte y el ser-para-la-muerte
Heidegger sostiene que el Dasein es un ser-para-la-muerte. La muerte no es un hecho externo que ocurra al final, sino una posibilidad que acompaña a la existencia desde siempre y que la define.
Las características de la muerte según Heidegger son:
- Inminente: puede suceder en cualquier momento, no está fijada en una fecha.
- Peculiar o más propia: la muerte es la posibilidad más propia del Dasein; nadie puede morir por otro.
- Irreferente: mi muerte no puede ser comunicada ni compartida; es absolutamente intransferible.
- Irrebasable: no se puede ir más allá de la muerte; es el fin de toda posibilidad.
- Cierta: es segura, todos moriremos.
- Indeterminada: no sabemos cuándo llegará.
La existencia inauténtica huye de la muerte: la trata como un suceso lejano que “les pasa a otros”. La existencia auténtica, en cambio, asume la muerte como posibilidad, se adelanta a ella y, así, vive con plenitud, eligiendo sus posibilidades más propias. “Afrontar la angustia ante la muerte” es condición de autenticidad.
3. Jean-Paul Sartre: existencia, libertad y el ser en-sí y para-sí
3.1. Vida, obra y propósito
Jean-Paul Sartre (1905-1980) fue un filósofo, escritor y dramaturgo francés, máximo representante del existencialismo ateo en Francia. Sus obras filosóficas fundamentales son:
- El ser y la nada (1943): su obra más técnica, donde expone su ontología.
- El existencialismo es un humanismo (1946): conferencia breve y accesible donde defiende el existencialismo de las críticas.
- Otras obras: La náusea, Las moscas, Crítica de la razón dialéctica.
Sartre convirtió el existencialismo en un movimiento cultural y político. Su tesis central es que la existencia precede a la esencia, y de ahí extrae una teoría del hombre como libertad radical.
3.2. La tesis: la existencia precede a la esencia
Sartre parte de una crítica a la filosofía tradicional, tanto religiosa como racionalista. Durante siglos se pensó que el hombre tenía una esencia previa: un plan divino, una naturaleza racional, un destino. Sartre sostiene lo contrario: el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y solo después se define.
Su explicación es famosa:
- Si Dios existiera y hubiera creado al hombre, ese Dios tendría una idea previa del hombre, como el artesano que fabrica un cortapapel: primero piensa su esencia y luego lo produce. En ese caso, la esencia precedería a la existencia.
- Pero el existencialismo ateo niega a Dios. Entonces, hay al menos un ser en el que la existencia precede a la esencia: el hombre. El hombre es lo que se hace, lo que proyecta ser.
Esta tesis implica:
- No hay naturaleza humana que determine de antemano al ser humano.
- El hombre es él mismo: es lo que ha proyectado ser y ha realizado.
- El hombre es responsable de su ser, porque no puede atribuirlo a un destino, a Dios o a la naturaleza.
- Si el hombre empieza por ser nada, solo después será tal como se haya hecho.
3.3. El ser en-sí y el ser para-sí
Sartre distingue dos regiones del ser:
a) El ser en-sí (être-en-soi)
Es el ser de las cosas, de los objetos. Sus características:
- Es lo que es. El ser en-sí es plenitud, opacidad, macicez. Una mesa es mesa y nada más; no puede cuestionarse ni transformarse a sí misma.
- Carece de conciencia. No tiene interioridad, no se relaciona consigo mismo.
- Está dado de una vez por todas. No tiene posibilidad, no tiene proyecto.
- Es masivo, idéntico a sí mismo, contingente e injustificado.
El en-sí es la existencia bruta, sin conciencia, sin libertad, sin futuro.
b) El ser para-sí (être-pour-soi)
Es el ser de la conciencia humana. Sus características:
- No es lo que es; es lo que no es, y no es lo que es. Esta fórmula paradójica expresa que la conciencia es una nada: se trasciende a sí misma, se proyecta hacia el futuro, nunca está acabada.
- Es libertad. El para-sí es pura elección, puro proyecto.
- Es nadificación. La conciencia introduce la nada en el ser: niega lo dado, lo cuestiona, lo supera.
- Es temporal. El para-sí siempre está en movimiento: es pasado (lo que ya fue), presente (su situación) y futuro (su proyecto). No coincide jamás consigo mismo.
Mientras que el en-sí es pleno y cerrado, el para-sí es una falta, un vacío, un deseo de ser. Por eso el hombre es un ser que siempre está haciéndose.
Esquema comparativo entre el ser en-sí y el ser para-sí
3.4. El ser para-otro
Además del en-sí y el para-sí, Sartre reconoce una tercera dimensión: el ser para-otro (être-pour-autrui).
El ser humano no vive aislado. Su conciencia se encuentra con otras conciencias. La experiencia fundamental de esta relación es la mirada del otro. Cuando alguien me mira, me convierte en un objeto, en un en-sí para él: me fija, me etiqueta, me reduce a lo que soy (tímido, feo, lento). Al mismo tiempo, yo también convierto al otro en objeto con mi mirada.
Esto genera conflictos, vergüenza y la lucha por el reconocimiento. Para Sartre, las relaciones humanas están marcadas por la cosificación y el intento de recuperar la propia subjetividad. En su famosa frase: “El infierno son los otros” (de la obra A puerta cerrada), expresa dramáticamente que la mirada del otro puede ser una condena, aunque no significa que toda relación sea mala, sino que es estructuralmente conflictiva.
3.5. La libertad y sus consecuencias: angustia, desamparo, desesperación
Para Sartre, el hombre está condenado a ser libre. “Condenado”, porque no ha elegido existir; pero una vez en el mundo, es responsable de todo lo que hace.
Esta libertad radical tiene tres consecuencias existenciales:
Angustia: es la conciencia de que soy el único autor de mis actos y de que no hay fundamento externo que justifique mis decisiones. Al elegir, elijo por mí y por toda la humanidad, pues mis elecciones son un modelo de hombre. De ahí que la angustia sea la responsabilidad ante la libertad.
Desamparo: si Dios no existe, no hay valores absolutos ni mandamientos previos. Estamos solos, sin excusas. Sartre lo ilustra con el ejemplo de un joven que debe elegir entre cuidar a su madre o unirse a la resistencia. No hay ningún libro que le diga qué hacer; está desamparado, y su decisión será suya.
Desesperación: solo puedo contar con lo que depende de mi voluntad, no con resultados seguros ni con el apoyo de otros. La desesperación no es quietud, sino acción: debo hacer lo que puedo y asumir que el resto no está garantizado.
3.6. La mala fe (mauvaise foi)
Sartre denuncia la mala fe: el intento de huir de la libertad y de la responsabilidad mintiéndose a uno mismo. Es una forma de autoengaño existencial, distinta de la mentira común, porque en la mala fe la misma conciencia se oculta a sí misma su libertad.
Ejemplos de mala fe:
- Decir “yo soy así” como si fuéramos una cosa con esencia fija, negando nuestra posibilidad de cambio.
- Excusarse en el papel social (“hago esto porque soy camarero y los camareros hacen esto”), reduciéndose a un en-sí.
- Atribuir a Dios, al destino o a la biología lo que en realidad son elecciones propias.
La buena fe, en cambio, consiste en asumir la libertad y la responsabilidad sin excusas.
3.7. El existencialismo como humanismo y la concepción del hombre
Sartre defiende que el existencialismo es un humanismo, porque no degrada al hombre, sino que lo dignifica: le devuelve su libertad y su responsabilidad. El hombre no es un objeto, no está determinado: es un proyecto que se vive a sí mismo.
La concepción sartreana del hombre puede resumirse así:
- No hay esencia previa. El hombre es nada al comienzo; solo después se define.
- El hombre es lo que hace de sí mismo. Es el conjunto de sus actos, su proyecto.
- El hombre es libertad. No elegir ya es una elección.
- El hombre es responsable de sí y de toda la humanidad.
- El hombre es un ser en situación, pero la situación no lo determina: él la asume y le da sentido.
Esta concepción es radicalmente opuesta a la de Schopenhauer: mientras Schopenhauer veía al individuo arrastrado por una voluntad irracional e inevitable, Sartre ve al hombre como ser libre que se construye en cada decisión.
4. Comparación entre Heidegger y Sartre
Aunque ambos son existencialistas, hay diferencias importantes:
| Aspecto | Heidegger | Sartre |
|---|---|---|
| Pregunta central | El sentido del Ser | La libertad y la existencia humana |
| Término para el hombre | Dasein (ser-ahí) | Para-sí (conciencia libre) |
| Relación con la tradición | Crítica a la metafísica por olvidar el Ser | Crítica a la idea de naturaleza humana |
| Concepto de libertad | El Dasein es posibilidad, puede ser auténtico o inauténtico | El hombre está condenado a ser libre, es proyecto |
| Papel de la muerte | Ser-para-la-muerte: asumirla permite la autenticidad | La muerte no es fuente de autenticidad; la libertad es el absoluto |
| Valores | No hay ética explícita en Ser y tiempo | El existencialismo es un humanismo: el hombre crea sus valores |
| Ontología | Diferencia entre ser y ente; analítica existencial | Ser en-sí, ser para-sí, ser para-otro |
Ambos comparten: la prioridad de la existencia concreta, el rechazo al esencialismo, la idea de que el hombre no es una cosa, y la atención a la angustia y la finitud.
Cuidado
Errores frecuentes
Confundir existencia auténtica con vida feliz o moralmente buena.
En Heidegger, auténtico no significa “bueno” en sentido moral, sino asumido: uno puede ser auténtico incluso tomando decisiones dolorosas o socialmente reprobables. Lo contrario es la inautenticidad: vivir según “se dice”, sin asumir la propia posibilidad.Pensar que el Dasein es simplemente “el hombre”.
El Dasein no es un sinónimo biológico de ser humano, sino el nombre que Heidegger da al ente que se pregunta por el Ser, para evitar presupuestos metafísicos. Es un concepto ontológico, no antropológico.Creer que “existencia precede a la esencia” significa que no hay ninguna condición humana.
Sartre admite que hay una condición humana universal: todos los hombres nacen, viven en un mundo, trabajan, mueren. Lo que niega es una esencia fija que determine lo que cada uno debe ser.Identificar el ser en-sí con la conciencia.
El en-sí es el ser de las cosas, no de la conciencia. La conciencia es el para-sí. Invertir esta distinción es un error común.Confundir angustia con miedo.
En Heidegger, la angustia no tiene objeto; el miedo sí. En Sartre, la angustia es la conciencia de la responsabilidad ante la libertad, no un miedo concreto.Atribuir a Heidegger la frase “el infierno son los otros”.
Esa frase es de Sartre (en su obra A puerta cerrada). Heidegger habla de la existencia inauténtica, pero no con esa expresión.Pensar que el existencialismo es pesimista y quietista.
Sartre insistió en que su filosofía es optimista y activa: si el hombre se hace, entonces todo está por hacer; la desesperación no es quietud, sino acción.
Aprende resolviendo
Ejemplos resueltos
Ejemplo 1 (nivel básico)
Pregunta:
Según Heidegger, el Dasein se caracteriza por:
A) Tener una esencia racional definida.
B) Ser un ente cuya existencia consiste en hacerse a sí mismo.
C) Ser idéntico al ser en-sí de Sartre.
D) Vivir siempre de modo auténtico.
E) Estar determinado por la naturaleza.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 2 (nivel intermedio)
Pregunta:
Un estudiante vive repitiendo opiniones ajenas, sin reflexionar, y evita toda conversación seria sobre la muerte. Según Heidegger, esta vida es:
A) Auténtica, porque se adapta a la sociedad.
B) Inauténtica, porque huye de la angustia y no asume su finitud.
C) Auténtica, porque comparte con los otros.
D) Inauténtica, pero solo porque no ha leído a Heidegger.
E) Neutra, porque la autenticidad no depende de estos rasgos.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 3 (nivel intermedio-avanzado)
Pregunta:
Para Sartre, si el ser humano es libre y no tiene naturaleza previa, entonces su responsabilidad:
A) Se limita a sus actos privados.
B) Es solo ante Dios.
C) Es total, y al elegir elige por toda la humanidad.
D) Desaparece, porque no hay valores objetivos.
E) Depende de su situación social.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Ejemplo 4 (nivel avanzado)
Pregunta:
¿Cuál de las siguientes afirmaciones es compatible con la ontología de Sartre?
A) El ser en-sí es conciencia pura y libertad.
B) El para-sí es pleno, macizo y idéntico a sí mismo.
C) La mirada del otro convierte al para-sí en un en-sí, cosificándolo.
D) El hombre está determinado por su esencia.
E) La existencia auténtica consiste en aceptar la muerte.
Intenta resolverlo primero. Luego revisa la resolución paso a paso.
Lo que viene
Hacia el siguiente tema
Con Heidegger y Sartre, la filosofía europea llevó al extremo la reflexión sobre el ser, la existencia y la libertad. Pero en el mismo siglo XX, surgió una reacción desde la lógica y el lenguaje: la filosofía analítica, cuyo representante más influyente en la primera mitad del siglo fue Ludwig Wittgenstein. Si Heidegger buscaba el sentido del Ser y Sartre analizaba la conciencia y la libertad, Wittgenstein se preguntará por los límites del lenguaje y por el significado de las proposiciones. Del “ser-ahí” y del “para-sí” pasaremos al “juego de lenguaje” y a la crítica del lenguaje filosófico: un giro que marcará la filosofía académica anglosajona durante décadas.
¿Lo dominas?
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Evaluación del tema
20 preguntas para medir aprendizaje real
Hasta 6 básicas, 8 intermedias y 6 avanzadas; si un nivel no alcanza, se completa con el nivel más cercano. El diagnóstico recomienda una ruta; la evaluación final actualiza el porcentaje y puede marcar el tema como aprendido.
Aprender desde las preguntas
