Tema 2 de 37Literatura

Teoría literaria II: figuras literarias

Reconocerás las figuras literarias como recursos que transforman el lenguaje y producen efecto estético, y aprenderás a identificarlas y diferenciarlas en fragmentos literarios.

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El porqué del tema

¿Para qué estudiamos este tema?

En el tema anterior estudiamos los géneros literarios: aprendimos que la literatura no es un bloque único, sino que se organiza en grandes modos de expresión (épico-narrativo, lírico y dramático), cada uno con reglas, especies y funciones propias. Ahora damos un paso más: si los géneros son los “moldes” generales en los que se vierte una obra, las figuras literarias son las herramientas con las que el escritor trabaja el lenguaje dentro de esos moldes para producir un efecto estético, emocional o intelectual.

Este tema responde a una pregunta muy concreta: ¿qué hace que un texto sea literario y no simplemente informativo? No basta con contar una historia o expresar un sentimiento; el escritor selecciona y altera las palabras, las ordena de manera inusual, las repite, las exagera o las carga de nuevos significados. Esas alteraciones son las figuras literarias, también llamadas recursos estilísticos o tropos.

Dominar este tema es imprescindible para la prueba de Literatura de la UNMSM, y no solo porque aparece con mucha frecuencia en las preguntas de admisión (casi todos los años hay, al menos, una pregunta de identificación de figuras en un fragmento). Además, desarrollar la capacidad de reconocer metáforas, símiles, anáforas o hipérbaton te permitirá leer críticamente tanto los poemas que vienen en el prospecto como los textos de las demás áreas, donde también se emplean recursos retóricos. Por último, este conocimiento es la base para analizar las obras completas que estudiarás más adelante, como la Orestíada, donde el verso griego está cargado de imágenes y figuras.

En síntesis, al terminar este tema serás capaz de:

  • Definir con precisión las principales figuras literarias.
  • Distinguir figuras que se parecen, como símil y metáfora, o anáfora y epíteto.
  • Identificar la figura predominante en un fragmento poético o narrativo.
  • Evaluar proposiciones de verdad o falsedad sobre la presencia de figuras en un texto, tal como exige el examen.

Antes de empezar

Lo que necesitas saber antes

Para estudiar las figuras literarias con provecho, solo necesitas recordar dos ideas que vimos en el tema anterior y que ahora usaremos todo el tiempo:

  1. El lenguaje literario es distinto del lenguaje cotidiano. En la comunicación diaria, las palabras buscan ser claras y directas: “tengo hambre”, “el río es ancho”. En la literatura, en cambio, el emisor se detiene en la forma del mensaje, no solo en el contenido. Por eso, el poeta no dirá “estoy muy triste”, sino algo como “una llaga siempre abierta es amar sin ser querido”. Las figuras literarias son, precisamente, los desvíos conscientes del lenguaje estándar que producen ese efecto.

  2. Todo poema tiene una estructura formal que le sirve de soporte. Aunque no es imprescindible ser experto en métrica, conviene recordar que un verso es cada línea del poema; una estrofa es un grupo de versos; la rima es la coincidencia de sonidos finales entre dos o más versos. ¿Por qué importa esto? Porque algunas figuras se definen justamente por su posición en el verso: la anáfora, por ejemplo, repite palabras al inicio de los versos; el hipérbaton altera el orden sintáctico, y a menudo lo hace para lograr una rima o un ritmo determinado.

No necesitas memorizar clasificaciones complejas ni nombres griegos. Basta con que tengas claro que las figuras modifican el lenguaje en alguno de sus niveles: sonido, orden de palabras, repetición, significado. En las siguientes secciones las veremos una por una, de las más sencillas a las más avanzadas.

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Las figuras literarias: definición y función

Llamamos figura literaria a todo recurso expresivo mediante el cual el autor modifica el uso habitual del lenguaje para darle mayor belleza, intensidad emocional o fuerza plástica a su mensaje. Su nombre proviene de la idea de “figura” como forma o configuración: el escritor dibuja con palabras una imagen más viva que la que lograría con una expresión literal.

Tres características son esenciales:

  1. Son desvíos de la norma. La figura aparece cuando el escritor rompe conscientemente el orden sintáctico, repite palabras, exagera o emplea una palabra en un sentido que no le es propio.
  2. No son exclusivas de la literatura. En el habla coloquial usamos figuras sin saberlo: “me muero de sed” (hipérbole), “eres un sol” (metáfora), “la blanca nieve” (epíteto). La diferencia es que en la literatura estas figuras están sistematizadas y buscan un efecto estético deliberado.
  3. Tienen una función expresiva, no decorativa. Aunque a veces se piensa que son adornos innecesarios, en realidad las figuras condensan significados, crean atmósferas, revelan la visión del mundo del poeta. Por ejemplo, cuando César Vallejo escribe “este pobre barro pensativo” para referirse al ser humano, no está adornando: está expresando toda una concepción de la vida como fragilidad y conciencia.

Criterios para clasificar las figuras

En los estudios literarios existen diversas clasificaciones. Para los fines del examen de San Marcos, no se requiere dominar taxonomías complejas, sino reconocer las figuras y diferenciarlas. Sin embargo, es útil organizarlas según el aspecto del lenguaje que modifican:

Tipo de figura ¿Qué modifica? Ejemplos por excelencia
De repetición Repite sonidos, palabras o estructuras Anáfora, epíteto (en su dimensión repetitiva en la épica)
De orden Altera la posición normal de las palabras en la oración Hipérbaton
De significación (tropos) Cambia el sentido de las palabras o las asocia de manera novedosa Metáfora, símil, hipérbole, sinestesia

A continuación estudiaremos las que aparecen con más frecuencia en las preguntas de admisión.

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Figuras de repetición y de orden

Anáfora

La anáfora consiste en la repetición de una o más palabras al inicio de dos o más versos u oraciones consecutivas. Es una de las figuras más fáciles de reconocer, pero también de las que más se confunden con una simple repetición en cualquier posición.

Características fundamentales:

  • La repetición debe darse al comienzo de los versos, de las frases o de los enunciados.
  • Se cumple a partir del segundo verso u oración: no hay anáfora si la palabra aparece solo una vez o si está repetida en medio o al final.
  • Su función principal es insistir en una idea, crear ritmo, musicalidad y cohesión entre los versos.
  • En la prosa también puede aparecer, repitiendo el inicio de párrafos o de oraciones sucesivas.

Ejemplos clásicos:

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
(Federico García Lorca, “Romance sonámbulo”)

Aquí la palabra “Verde” inicia dos versos (y se repite también en el interior, pero lo esencial para la anáfora es que abre los versos).

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
(Gustavo Adolfo Bécquer, Rima IV)

El adverbio “mientras” abre cada estrofa, creando una acumulación rítmica.

Diferenciación clave: Si la palabra repetida está al inicio de los versos, es anáfora; si está en medio o al final, es solo repetición, no anáfora.

Epíteto

El epíteto es una figura que consiste en el uso de un adjetivo o frase adjetiva que expresa una cualidad inherente o propia del sustantivo, es decir, una cualidad que ya está contenida en el significado del sustantivo y que, por tanto, no añade información nueva, sino que la resalta con fines estéticos o enfáticos.

Características fundamentales:

  • El adjetivo no es necesario para distinguir el objeto: decir “la blanca nieve” es redundante porque la nieve ya es blanca.
  • Su función es embellecer, enfatizar o subrayar una cualidad que se considera esencial.
  • Es frecuente en la poesía tradicional y en las epopeyas o cantares de gesta, donde se habla de epíteto épico u homérico: fórmulas fijas como “el de la barba crecida” para el Cid, “la negra noche”, “el excelso Zeus”, “Aquiles, el de los pies ligeros”.

Ejemplos:

Por ti la verde hierba, el fresco viento
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera me agradaban…
(Garcilaso de la Vega, Égloga I)

Los adjetivos “verde”, “fresco”, “blanco”, “colorada”, “dulce” destacan cualidades propias de los sustantivos: la hierba es verde, el lirio es blanco, la rosa es colorada, la primavera se siente dulce. No añaden información discriminatoria; solo subrayan.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,
diríase un trémolo de liras eolias
cuando acariciaban los sedosos trajes,
sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias.
(Rubén Darío, “Era un aire suave…”)

Aquí “blancas magnolias” y “sedosos trajes” son epítetos: las magnolias son blancas por naturaleza y los trajes sedosos ya contienen la idea de suavidad.

Cuidado: No todos los adjetivos son epítetos. Si el adjetivo aporta información que distingue (por ejemplo, “el caballo negro”, en un contexto donde hay caballos de otros colores), no es epíteto. Solo lo es cuando la cualidad es intrínseca y el autor la resalta por su valor estético.

Hipérbaton

El hipérbaton es la alteración del orden sintáctico normal de la oración con fines rítmicos, expresivos o de rima. En español, el orden habitual es sujeto + verbo + complementos (o verbo + sujeto en oraciones impersonales o enfáticas, pero la disposición general sigue un patrón). El hipérbaton rompe ese patrón de manera notoria, desplazando complementos, el verbo o el sujeto a posiciones inusuales.

Características fundamentales:

  • Se produce un desorden oracional deliberado.
  • Es muy común en la poesía porque el verso necesita acomodar las palabras al ritmo y a la rima.
  • No debe confundirse con la libertad normal del español, que admite cierta flexibilidad. Para reconocerlo, hay que preguntarse: ¿cuál sería el orden más directo y natural? Si la frase está notoriamente invertida, hay hipérbaton.

Ejemplos:

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
(Gustavo Adolfo Bécquer, Rima VII)

El orden natural sería: “El arpa, silenciosa y cubierta de polvo, tal vez olvidada por su dueño, se veía en el ángulo oscuro del salón”. El poeta ha desplazado el complemento circunstancial al inicio y ha retrasado el sujeto y el verbo hasta el final, creando un efecto de suspenso y melancolía.

Ayer por la noche, tus besos y tus lágrimas tuve yo.
(ejemplo citado en el examen de admisión)

El orden natural: “Yo tuve tus besos y tus lágrimas ayer por la noche”. Aquí el pronombre “yo” y el verbo “tuve” están al final, después de los complementos.

Cuidado: A veces el hipérbaton es leve y puede pasar inadvertido. Hay que comparar con el orden natural. Si una oración comienza con un complemento circunstancial y el verbo se retrasa mucho, es muy probable que sea hipérbaton.

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Figuras semánticas (tropos)

Estas figuras alteran el sentido de las palabras, creando asociaciones nuevas entre elementos de la realidad. Son las que más juego dan en la interpretación literaria.

Símil (o comparación)

El símil es una comparación explícita entre dos elementos que guardan cierta semejanza, utilizando un nexo comparativo: como, cual, así como, tal como, parece, semeja, etc.

Características fundamentales:

  • Establece una relación de semejanza entre un término real (lo que se compara) y un término evocado (la imagen con la que se compara).
  • El nexo comparativo es obligatorio: si no hay nexo, no es símil.
  • Los dos términos permanecen visibles; no se sustituyen ni se identifican plenamente.

Estructura:
A (término real) + nexo + B (término evocado)
Ejemplo: El poeta es como un príncipe del nublado.
A = poeta, nexo = como, B = príncipe del nublado.

Ejemplos:

El poeta es como un príncipe del nublado
que puede huir las flechas y el rayo frecuentar,
en el suelo, entre ataques y mofas desterrado,
sus alas de gigante le impiden caminar.
(Charles Baudelaire, “El albatros”)

Aquí el símil “es como un príncipe del nublado” compara al poeta con un príncipe de las nubes, es decir, con el albatros.

Uno de sus ojos tenía el iris extendido como el de un noble caballo. Y no era del mismo color que el otro pardo brillante; este iris era verde claro, un verde flotante entre otros colores difusos predominando quizá, como agua de fondo, el mismo pardo, alegre brillante.
(José María Arguedas, Los ríos profundos)

Los símiles “como el de un noble caballo” y “como agua de fondo” comparan el color y la cualidad del iris con imágenes visuales.

Cuidado: No confundir con la metáfora. Si hay “como” o “cual”, es símil; si no lo hay y se afirma que A es B, o se sustituye A por B, es metáfora.

Metáfora

La metáfora es la figura semántica por excelencia. Consiste en la identificación de un término real con otro evocado, basada en una relación de semejanza, pero sin nexo comparativo. En lugar de decir que A es como B, la metáfora afirma que A es B o, directamente, sustituye A por B.

Características fundamentales:

  • No usa nexos comparativos (como, cual, parece).
  • Puede presentarse de varias formas:
    • Metáfora pura o de identificación: A es B. Nuestras vidas son los ríos.
    • Metáfora por sustitución o impura: solo se nombra el término evocado, omitiendo el real. Alegre primavera (por juventud), nieve (por vejez).
    • Metáfora aposicional: A, B. El otoño, estación de miel.
  • Establece una asociación de significados: el poeta nos obliga a ver el mundo de una manera nueva, fusionando conceptos.

Ejemplos clásicos:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar al mar,
que es el morir.
(Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre)

Aquí “vidas” (término real) se identifican con “ríos” (término evocado) mediante el verbo “son”. Es una metáfora pura.

Tú eras el huracán, y yo la alta torre
que desafía su poder;
¡tenías que estrellarte o abatirme!...
¡No podía ser!
(Gustavo Adolfo Bécquer, Rima XLI)

Cada identificación (“Tú eras el huracán”, “yo la alta torre”, “Tú eras el Océano”, “yo la enhiesta roca”) constituye una metáfora. No hay nexo comparativo; se afirma la identidad.

este pobre barro pensativo
(César Vallejo, “Los dados eternos”)

“Pobre barro pensativo” es una metáfora que sustituye al ser humano: barro alude a la materia de que está hecho (según la tradición bíblica) y pensativo a su conciencia.

Diferencias entre símil y metáfora:

Característica Símil Metáfora
Nexo comparativo Sí (como, cual, parece) No
Identidad Compara, mantiene ambos términos Identifica o sustituye
Ejemplo El poeta es como un príncipe El poeta es un príncipe

Hipérbole

La hipérbole es una exageración desmedida con fines expresivos, que supera los límites de lo verosímil. Se emplea para intensificar una emoción, una cualidad o una acción, y a menudo raya en lo sobrenatural.

Características:

  • No es una simple exageración cotidiana; debe ser notoria y enfática.
  • Busca producir impacto emocional o destacar la magnitud de algo.
  • Frecuente en la poesía amorosa, épica y en la lírica de tono desgarrado.

Ejemplos:

Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan;
las aves, que me escuchan cuando cantan,
con diferente voz se condolecen.
(Garcilaso de la Vega, Églogas)

Aquí el llanto del poeta es capaz de ablandar las piedras: es una exageración evidente.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
(Pablo Neruda, “Walking around”)

“Llorar a gritos” exagera la reacción ante un estímulo olfativo; aunque también hay sinestesia (mezcla de olfato y audición/gritos), la hipérbole es parte de la intensidad.

Cuidado: Distingue hipérbole de otras figuras. Una exageración como “te llamé mil veces” es hipérbole; pero “te llamé tres veces” no. En el examen, si la figura dominante es otra (anáfora, metáfora), no debes quedarte con una hipérbole local.

Sinestesia

La sinestesia consiste en la mezcla o unión de sensaciones que provienen de sentidos diferentes (vista, oído, tacto, gusto, olfato). Es una figura muy valorada en la poesía moderna, especialmente en el Simbolismo y en poetas como César Vallejo.

Ejemplos:

¡Oh, las albas armónicas!
(César Vallejo)

“Alba” (visual) se califica con “armónica” (auditivo): mezcla vista y oído.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
(Pablo Neruda)

Olor (olfato) + llorar a gritos (vista/audición/tacto) = sinestesia.

La fragancia de tus pastos hormigueaba en mis sentidos.
(César Vallejo)

Fragancia (olfato) + hormigueaba (tacto) = sinestesia.

Cuidado: No confundir con metáfora. La sinestesia es un tipo especial de metáfora, pero su rasgo distintivo es la mezcla de sentidos. Si el calificativo pertenece a un sentido distinto del sustantivo, ahí hay sinestesia.

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Otras figuras de interés breve

Aunque en San Marcos las preguntas se han centrado en las siete figuras anteriores, conviene conocer al menos las siguientes, ya que pueden aparecer en opciones o en comentarios de textos:

  • Elipsis: omisión de una o más palabras que se sobreentienden. Ej.: “Yo estoy enamorado; ella, no” (se omite “está enamorada”).
  • Antítesis: contraposición de ideas o palabras. Ej.: “Es tan corto el amor, y tan largo el olvido” (Neruda).
  • Paradoja: unión de ideas aparentemente contradictorias que, al reflexionar, revelan una verdad profunda. Ej.: “Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero” (Santa Teresa).
  • Personificación o prosopopeya: atribuir cualidades humanas a seres inanimados o abstractos. Ej.: “El viento susurraba suave.”
  • Aliteración: repetición de sonidos semejantes en un verso o frase para crear un efecto acústico. Ej.: “el ruido con que rueda la ronca tempestad”.

No profundizaremos en ellas porque no han sido evaluadas de manera directa en los últimos exámenes, pero es bueno tenerlas en el radar.

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Estrategias de reconocimiento y tabla comparativa

Para resolver las preguntas de figuras literarias en el examen, sigue estos pasos:

  1. Lee el fragmento completo, no solo los versos resaltados. Observa su estructura general: ¿hay palabras repetidas al inicio? ¿El orden de la oración es normal? ¿Hay nexos comparativos?
  2. Subraya mentalmente los elementos sospechosos: repeticiones iniciales, adjetivos notables, desórdenes, expresiones que parecen exageradas o que mezclan sentidos.
  3. Determina la figura predominante. A veces hay varias figuras en un texto, pero la pregunta pide la predominante, es decir, la que organiza el fragmento o aparece de manera constante.
  4. En preguntas de valor de verdad, analiza cada proposición por separado, verificando que se cumpla la definición de la figura mencionada. No asumas que todo es verdadero.
  5. En preguntas de conteo (p. ej., “¿cuántas metáforas hay?”), identifica cada ocurrencia, guiándote por los marcadores propios de cada figura.

Tabla comparativa de las figuras esenciales:

Figura Definición breve Marcas de reconocimiento Ejemplo
Anáfora Repetición de palabras al inicio de versos u oraciones Palabra(s) idéntica(s) al comienzo de dos o más versos Vuelve, que ya no puedo… / vuelve mi palomita
Epíteto Adjetivo que resalta cualidad inherente Adjetivo redundante con el sustantivo la blanca nieve
Hipérbaton Alteración del orden sintáctico Orden de palabras notoriamente invertido veíase el arpa
Símil Comparación explícita con nexo Presencia de como, cual, parece El poeta es como un príncipe
Metáfora Identificación o sustitución sin nexo Uso de es, son, eras o reemplazo directo Tú eras el huracán
Hipérbole Exageración desmedida Magnificación inverosímil con mi llorar las piedras enternecen
Sinestesia Mezcla de sensaciones de sentidos distintos Atribución de una cualidad sensorial a un sustantivo de otro sentido albas armónicas

Cuidado

Errores frecuentes

A la hora de estudiar y de resolver preguntas sobre figuras literarias, los estudiantes suelen cometer los siguientes errores:

  1. Confundir símil y metáfora. Es el error más común. Regla de oro: si aparece como, cual, parece, es símil; si no hay nexo y se afirma una identidad o hay sustitución, es metáfora. No te dejes engañar por versos que dicen “es como si…”: ahí el “como” indica símil, pero si la pregunta busca la figura predominante en un poema que repite “Es como si” al inicio de varios versos, la predominante es anáfora, porque la repetición inicial estructura el conjunto.

  2. Considerar anáfora cualquier repetición. La anáfora exige que la repetición esté al inicio de dos o más versos u oraciones. Si la palabra se repite en el interior o al final, no es anáfora.

  3. No reconocer el hipérbaton porque el español es flexible. Si bien el español admite variaciones de orden, el hipérbaton es una alteración notoria que dificulta la lectura inmediata. Ante la duda, reconstruye mentalmente la oración en orden natural: si suena mucho más directa, es hipérbaton.

  4. Pensar que todo adjetivo es epíteto. Solo lo son aquellos que resaltan una cualidad inherente. “La casa grande” no es epíteto si el adjetivo aporta información necesaria (podría ser pequeña); “la blanca nieve” sí, porque la blancura ya es propia de la nieve.

  5. Elegir hipérbole por cualquier exageración. La hipérbole debe ser desmedida, inverosímil. Una exageración moderada no es hipérbole. Además, si en el fragmento hay una figura más estructural (como anáfora), esa será la predominante.

  6. Ignorar el contexto de la pregunta. A veces se pide identificar figuras en un orden específico (por énfasis añadidos con subrayado o negritas). Debes respetar ese orden y verificar cada marca. No respondas de memoria sin mirar el texto.

Aprende resolviendo

Ejemplos resueltos

A continuación, cuatro ejemplos de dificultad creciente, resueltos paso a paso.

Ejemplo 1

Enunciado:
Lee los siguientes versos y determina la figura literaria predominante.

Tú eres el sueño, yo la noche oscura;
tú eres el alba, yo la madrugada.
(verso creado para el ejercicio)

Paso 1: Observar la estructura. El poema consta de dos versos que comparten una construcción paralela: “Tú eres…, yo…”.

Paso 2: Identificar nexos y verbos. No hay nexos comparativos (como, cual). Aparece el verbo “eres” en el primer verso y una elipsis en la segunda parte (“yo la noche oscura”, omitiendo “soy”). En el segundo verso, “tú eres el alba, yo la madrugada” (de nuevo elipsis).

Paso 3: Analizar las relaciones. Se establecen identificaciones entre el “tú” y el “sueño”, entre el “yo” y la “noche oscura”, entre “tú” y “alba”, entre “yo” y “madrugada”. No se dice “como”, sino que se afirma la identidad.

Paso 4: Determinar la figura. Cada identificación sin nexo es una metáfora. La pregunta pide la figura predominante; aunque hay elipsis (omisión del verbo “soy”), la estructura dominante es la metáfora.

Respuesta: Metáfora.

Explicación del porqué: La clave está en la ausencia de nexo y en el uso del verbo “eres” o la elipsis para identificar dos términos. Si dijera “Tú eres como el sueño, yo como la noche”, sería símil. Aquí no hay “como”.


Ejemplo 2

Enunciado:
Determina cuántas metáforas y cuántos símiles hay en el siguiente fragmento:

Sus ojos eran dos luceros que alumbraban el camino,
su cabello, un río de oro;
y su voz sonaba como una cascada en la lejanía.
(fragmento creado para el ejercicio)

Paso 1: Localizar nexos comparativos. En el tercer verso, “su voz sonaba como una cascada” presenta el nexo “como”. Eso es un símil.

Paso 2: Localizar identificaciones sin nexo.

  • Primer verso: “Sus ojos eran dos luceros” → identificación con el verbo “eran” → metáfora.
  • Segundo verso: “su cabello, un río de oro” → hay una elipsis de “era”, pero la construcción aposicional identifica cabello con río de oro → metáfora.

Paso 3: Contar. Metáforas: 2 (ojos-luceros, cabello-río de oro). Símiles: 1 (voz-cascada con “como”).

Paso 4: Revisar si hay otras figuras. No hay anáfora (no repite inicio), ni hipérbaton (orden natural), ni epíteto (los adjetivos no son redundantes). La pregunta solo pide metáforas y símiles.

Respuesta: 2 metáforas y 1 símil.

Explicación del porqué: La presencia del nexo “como” distingue al símil de la metáfora. Las identificaciones con “eran” o con elipsis son metáforas. Es fundamental no contabilizar el símil como metáfora ni viceversa.


Ejemplo 3

Enunciado:
Evalúa la verdad (V) o falsedad (F) de las siguientes proposiciones sobre el fragmento:

Del monte en la ladera, por mi mano plantado, tengo un huerto que con la primavera de bella flor cubierto ya se muestra.
(fragmento adaptado de Fray Luis de León)

I. Hay hipérbaton, porque el orden sintáctico está alterado.
II. La expresión “bella flor” es un epíteto, ya que toda flor es bella.
III. Hay una metáfora en “huerto que con la primavera de bella flor cubierto”.
IV. No hay anáfora, porque ninguna palabra se repite al inicio de dos versos.

Paso 1: Analizar la estructura del fragmento.
El orden natural sería: “Tengo un huerto, plantado por mi mano, en la ladera del monte, que ya se muestra cubierto de bella flor con la primavera”. El poeta ha desplazado el complemento “del monte en la ladera” al inicio, y ha retrasado el verbo “tengo”. Es una alteración notoria: hay hipérbaton. Por tanto, la proposición I es V.

Paso 2: Analizar “bella flor”.
“Bella” es un adjetivo calificativo que no necesariamente es inherente a “flor”. No todas las flores son bellas para todos, y el adjetivo no es una cualidad intrínseca en el mismo sentido que “blanca” en “blanca nieve”. Además, el epíteto debe resaltar una cualidad objetiva ya contenida en el sustantivo; “bella” es subjetiva. Por lo tanto, no es epíteto. La proposición II es F.

Paso 3: Analizar la posible metáfora.
“Huerto que con la primavera de bella flor cubierto ya se muestra” no contiene una identificación o sustitución: se describe literalmente el huerto cubierto de flores en primavera. No hay término evocado que reemplace al real. La proposición III es F.

Paso 4: Analizar la anáfora.
No hay repetición de palabras al inicio de versos (recordemos que la distribución en versos la determina la versificación original; en este fragmento adaptado no vemos repetición inicial). Efectivamente, no hay anáfora. La proposición IV es V.

Resultado: V – F – F – V.

Respuesta: La secuencia es VFFV.

Explicación del porqué: Este tipo de preguntas exige verificar cada proposición por separado. El hipérbaton se detecta comparando con el orden natural; el epíteto se descarta porque el adjetivo no expresa cualidad inherente y objetiva; la metáfora se descarta porque no hay sustitución; y la anáfora se descarta porque no hay repetición inicial.


Ejemplo 4

Enunciado:
En el siguiente fragmento, identifica las figuras literarias presentes y determina cuál es la predominante.

No quiero verte más, no quiero oír tu voz,
no quiero recordar aquel ayer tan dulce.
Eres el faro que guía mi dolor,
y mi pena es un mar donde naufrago sin norte.
(fragmento creado para el ejercicio)

Paso 1: Observar repeticiones iniciales.
Los dos primeros versos comienzan con “No quiero”. Eso es una anáfora (repetición al inicio de versos). La frase “no quiero” aparece al inicio de los versos 1 y 2 (y podríamos incluir el verso 3, aunque no comienza con “no quiero”, no es necesario para que haya anáfora; basta con dos).

Paso 2: Observar metáforas.

  • Verso 3: “Eres el faro que guía mi dolor” → identificación sin nexo → metáfora.
  • Verso 4: “mi pena es un mar donde naufrago sin norte” → identificación con “es” → metáfora.

Paso 3: Observar símiles. No hay ningún nexo comparativo (como, cual).

Paso 4: Observar hipérbaton. El orden es natural en todos los versos; no hay desorden sintáctico.

Paso 5: Determinar la figura predominante.
Aunque hay dos metáforas, la anáfora estructura los dos primeros versos y da énfasis a la negación repetida. En las preguntas de admisión, cuando hay una repetición inicial clara que organiza el fragmento, suele considerarse la figura predominante. Aquí la anáfora es la que primero salta a la vista y la que da cohesión al conjunto.

Respuesta: Hay anáfora y metáfora; la predominante es la anáfora.

Explicación del porqué: La clave está en identificar la figura que abarca todo el fragmento o que constituye el patrón estructural. La anáfora se extiende por los dos primeros versos (y es lo más llamativo), mientras que las metáforas están en versos sueltos. En el examen, si una pregunta pide la figura predominante, debes fijarte en la que domina el conjunto, no en apariciones aisladas.


Lo que viene

Hacia el siguiente tema

Las figuras literarias no son un saber aislado: son las herramientas con las que los poetas y dramaturgos de todas las épocas han construido sus obras. En el siguiente tema, «Teatro griego: tragedia y Orestíada», verás cómo los grandes trágicos, especialmente Esquilo, emplean metáforas, símiles y epítetos de raigambre homérica en los parlamentos de sus personajes. El reconocimiento de figuras te permitirá desentrañar el sentido profundo de la Orestíada y apreciar la densidad del verso griego: de la anáfora ritual a la metáfora de la justicia como una balanza, todo cobrará nuevo significado.

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Básico 5/6Intermedio 54/8Avanzado 5/6Total 64/20

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